lunes, 18 de enero de 2016

CALLE DE LA TERNERA

De la calle de las Navas de Tolosa a la de Preciados

Esta estrecha calle, que se ha llamado tambien de Covadonga, era antiguamente el lugar  donde estaban las tablas en que se exponían las terneras para el abastecimiento de la Villa, tiendas que luego se trasladaron a la costanilla de Santiago.


En el número 5 murió D. Luis Daoiz, a las pocas horas de ser trasladado allí malherido, desde el Parque de Artillería. El año 1868 se pudo allí una lápida que señala aquel lugar a la veneración del transeunte y dice de este modo:

"En el cuarto principal de esta casa vivió y murió el capitán de Artillería D. Luis Daoiz, herido mortalmente en defensa de la independencia española, en el Parque de Monteleón, el día 2 de Mayo de 1808."

(Del libro las Calles de Madrid de Pedro de Répide)


RIO MANZANARES

Vista del Manzanares en 1920.  Fotografía O.Wunderlich
Se observan los antiguos lavaderos

domingo, 17 de enero de 2016

CALLE DE LA PASA

Fotografía sin fecha Archivo Ruiz Vernacci Fuente F.P.H

PLAZA DE HERRADORES

Entre las calles de San Felipe Neri, de las Fuentes y de las Hileras, Plaza del Comandante de las Morenas y Costanilla de Santiago.

Lleva ese nombre desde principios del siglo XVII por los bancos de los herradores, que eran colocados en medio de la plaza, hasta que el Concejo los mandó quitar por las muchas molestias que ocasionaba la aglomeración de las caballerias. También era, como la plaza de Santa Cruz, lugar donde se situaban los criados y lacayos sin trabajo para que les fueran a buscar quienes necesitasen de ellos.

Era asímismo este paraje punto para las sillas de mano que se alquilaban, y aún no se limitaba el alquiler a esto,  sino que las damas callejeras que lo habían menester para autorizar sus paseos y sus enredos podían poveerse igualmente en esta plaza de tías, hermanos, primos y maridos, a tanto la hora, o a un precio más arreglado si se les tomaba por temporada.

Vélez de Guevara, en "El Diablo Cojuelo", alude a esta práctica que nos revela tan pintorescas intimidades de la vida cortesana en tiempo de los Austrias, época cuya austeridad no era a veces ni aparente siquiera; y Tirso de Molina, en su comedia. " Por el sótano y el torno ", pone en boca del criado Santillana, que teme ser despedido por doña Bernarda, aquellos versos que dicen:

                                                                 " ¡ Miren, porque la doy luz
                                                                  De amantes embustidores !
                                                                  Plazuela habrá de Herradores
                                                                  Y puerta de Santa Cruz.
                                                                  No me han de faltar dos reales
                                                                  Y señoras de alquiler ".

La estructura de esta plaza no ha sufrido desde el siglo XVII más variaciones que la apertura primero del pasaje, de la horrible salida del aparcamiento y luego de la calle de San Felipe Neri, donde se hallaba este convento que daba a la calle Mayor. Hubo también en la plazuela de Herradores un mercado, que duró hasta mediados del siglo XIX.

Fuente: Las Calles de Madrid de Pedro de Répide

CALLE DEL ROLLO:

De la calle de Madrid

A la plaza de la Cruz Verde.

Es una de las más curiosas y pintorescas calles del viejo Madrid, a la que prestan singular encanto su angostura y la sinuosidad de su trazado. Comienza teniendo a uno de sus lados la casa de Cisneros, y prosigue bordeando, lo que fue, la señorial residencia de los condes de Revillagigedo, desgraciadamente derribada para construir algo que no tiene que ver con su entorno, baja a la plazuela que lleva el nombre del último signo inquisitorial que permaneció en Madrid, y que es también uno de los mas bellos rincones de la ciudad.

La calle del Rollo aparece en el plano de Texeira llamándose de los Arcos, y su parte baja, a espaldas de lo que fue de la casa de Revillagigedo, era la plaza de la Parra, tan célebre en los tiempos del maestros Juan López de Hoyos, catedrático del Estudio de la Villa, quien fue multado varias veces por no castigar a sus discípulos, que arrebataban el fruto de aquella parra. Al fin, molesto por las multas y los apercibimientos, tuvo el maestro preso tres días al discípulo que saqueaba los racimos, y que no era otros que el propio Miguel de Cervantes y Saavedra. Le despidió de la clase por el asalto a las tapias y el robo de las uvas; pero un regidor que le daba dos reales diarios para el estudio, intercedió por él, y López de Hoyos, que apreciaba el gran ingenio del muchacho, no tuvo dificultad en recibirle otra vez.

El nombre del Rollo ha querido ser explicado por algunos etimologistas de maneras tan absurdas, como que la calle se donominaba así por su configuración, y, según otros, porque allí había aparecido un niño muerto envuelto en un rollo de esteras.

El orígen de ese nombre no puede ser más sencilo ni más claro. Procede de haber estado en ese lugar el rollo jurisdiccional de la villa.

Fuente: Las calles de Madrid de Pedro de Répide

CALLE DE LOS RELATORES

De la calle de Atocha a la plaza de Tirso de Molina

Toma su nombre, según tradición, de haber vivido en ella unos relatores de la Audiencia. En esta calle estaban las casas de la condesa de Miranda, con tribuna a la iglesia del convento de la Trinidad. Aquella dama estaba imposibilitada para andar y sus criados la llevaban en un sillón de terciopelo y plata con ruedas. Era señora de trato afable y tenia decorada su casa con un lujo oriental. Allí, en ocasión de una fiestas reales en la Plaza Mayor, se hospedó Felipe IV en el intervalo de la mañana a la tarde, siendo espléndidamente agasajado por la opulenta dama.

En esta casa se alojó cuando vino de Valladolid la venerable madre sor Jesús Mariana de San José, fundadora de la agustinas recoletas y primera priora del convento de la Encarnación.

Fuente: Las calles de Madrid de Pedro de Répide