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jueves, 19 de abril de 2018

SUCEDIÓ EN MADRID

Quirino Díez del Blanco (Gregorio de La Mata), sacerdote capuchino de 47 años y natural de La Mata de Monteagudo (León), fue asesinado en Madrid el 27 de agosto de 1936 y beatificado en 2013. Quirino Díez del Blanco (padre Gregorio de La Mata), de 47 años, profesó como capuchino en 1905 y se ordenó sacerdote en 1914. Fue profesor en el seminario de El Pardo (donde sufrió el asalto de los revolucionarios que pretendieron colgar a los frailes de los pinos). Descubierto por los milicianos en su refugio (al parecer, tras una denuncia), fue llevado a la cárcel, donde su delicada salud le ocasionó muchos sufrimientos físicos y morales. Se pensó ponerle en libertad al no haber acusación alguna contra él. Pero cuando se supo que era fraile capuchino, junto con otros detenidos, a los cuales había oído en confesión, fue llevado al Alto del Hipódromo (hoy Nuevos Ministerios en Madrid) y allí acribillado a balazos por la espalda en la madrugada del 27 de agosto de 1936.

miércoles, 18 de abril de 2018

SUCEDIÓ EN MADRID

A comienzos de noviembre de 1937 las autoridades de un Madrid en guerra no cesaban de homenajear a la URSS y a sus prolongación  armaada: las Brigadas internacionales. Se estaba conmemorando el vigésimo aniversario de la revolución rusa con una pasión desmedida y en donde se ponía de manifiesto la dependencia absoluta de esa potencia totalitaria para que la república “democrática” siguiera existiendo.

Madrid se llenó de fastos, se rusificó. El panorama que presentaba la ciudad era del de una urbe volcada hacia una nación, pero no la suya sino otra.  No es que la sede del Partido Comunista apareciera decorada con toda la parafernalia al uso del marxismo-leninismo, es que todo Madrid rendía devoción a la patria soviética. En la glorieta de Bilbao una espectacular imagen de Lenin con la estética del culto a la personalidad) de cuerpo entero y de 20 metros de altura ocupaba el centro de la plaza,  en uno de los afiches que enmarcaba al revolucionario se podía leer  “los ciudadanos de la Unión Soviética viven felices”. La sede del ABC, periódico expoliado y  ahora en manos de  la Unión Republicana,  engalanaba su portada de la calle de Serrano con hoces y martillos.  En la calle de Alcalá confluyendo con O´Donnell  la estatua del general Espartero-bandera tricolor adosada al bronce-  se veía acompañada de un monumento efímero coronado con la bandera roja y en una de sus caras la fotografía de Stalin. Las estaciones del metro madrileño aparecían con decoración  similar, altares laicos en donde  la Santísima Trinidad era sustituida por Manuel Azaña, Lenin y Stalin. En la calle de Medinaceli  una exposición rememoraba los supuestos logros de  los soviets y el tramo de la Gran Vía que llevaba el nombre de Conde de Peñalver era sustituido por el de Avenida de la Unión Soviética, un tramo que ocupaba el espacio que iba desde el nacimiento de la calle hasta Callao con dedicación incluida (“A nuestros amigos de la Unión Soviética”). Puestos de libros, talleres de automóviles y hasta la Puerta de Alcalá- con sus arcos cegados por personalidades soviéticas- creaban el decorado de aquel Madrid de guerra.  En los cines se proyectaba  Things to come de Vincent Korda, aquí titulada  La vida futura en base a una novela H.G. Wells y para los amantes del teatro, en el de La Zarzuela, María Teresa León dirigía a la compañía que interpretaba La tragedia optimista.  Esta felicidad pro-soviética, de adoración, de veneración  hacia aquel país donde los ciudadanos vivían felices, se estaba produciendo en el tiempo de descanso entre el segundo y el tercer juicio de Moscú, en los tiempos de purga y terror, conocidos indudablemente  por los dirigentes republicanos españoles, por los devotos del Partido Comunista y también por quienes sin serlo estaban cada vez más dominados por ellos y a ellos debían todo.

Demostración deportiva femenina
La sede de Izquierda republicana engalanada
Sede del PSOE en Madrid
"Rusia tiene una vida feliz"
El Banco de Bilbao se une al homenaje del XX aniversario de la URSS
Diferentes líderes de la URSS, en la Puerta de Alcalá
Mural en la glorieta de Bilbao en honor a Lenin
Edificio
Edificio
El Palacio de Justicia
El cambio de nombres no es algo novedoso


AVISO: Todos las fotografías han sido extraidas de PARES Archivo Rojo

martes, 17 de abril de 2018

SUCEDIÓ EN MADRID

La  Agrupación de Guerrilleros de Madrid inmediatamente comenzó a realizar diferentes acciones clandestinas contra la dictadura siguiendo el modelo de la resistencia francesa, como el atentado contra la Agencia de Ferrocarriles Alemanes o el atentado contra la delegación y Propaganda de la calle Montesquinza.
El 25 de febrero de 1945, sobre las nueve de la noche, un grupo guerrillero realizó un asalto a la subdelegación de la Falange situada en la calle Ávila. El grupo estaba formado por cinco guerrilleros: Félix Plaza, Domingo Martínez, José Carmona, Luis del Álamo y Tomás Jiménez. El objetivo era requisar armas, radios y documentación que sirviera para el equipo de falsificaciones (sellos, hojas de afiliación, salvoconductos, carnets, etc.). Sin embargo, la noche del asalto el edificio no estaba vacío y en el asalto fueron asesinados el el subdelegado de Falange del distrito de Chamberí, Martín Mora, y el conserje David Lara. La noticia de sus muertes provocó una gran movilización falangista durante los días siguientes. Años después incluso se puso una calle al "Camarada Mora? en el distrito de Vallecas.
Los cinco guerrilleros que realizaron el asalto fueron detenidos poco después, condenados a muerte y fusilados. José Vitini, jefe de la Agrupación Guerrillera de Madrid, también fue detenido el 11 de abril de 1945. Dos semanas después José Vitini es condenado a muerte por el juez Enrique Eymar y el 28 de abril fue fusilado al alba en el cuartel de Campamento. Su cuerpo, junto al de otros comunistas, fue enterrado en una fosa común en el cementerio de Carabanchel

HIJAS DE LA CARIDAD

Las obligaron a dejar las obras caritativas de la Casa de Misericordia de Albacete y salir hacia Madrid, después de haberlas exigido vestir de seglares para hacer desaparecer todo signo religioso. Se vistieron de seglares, sí, pero se les notaba lo que eran. El cambio consistió en sustituir el hábito por una sencilla bata de percal, la toca por un pañuelo o la desarreglada melena. Sor Dolores, Sor Andrea y Sor Concepción decidieron no despojarse de su querido rosario, habían encontrado en él y en la Eucaristía celebrada clandestinamente en el sótano refugio la fuerza para ser testigos en medio de la persecución.

Sor Dolores y Sor Concepción lo llevaban en la cintura, debajo del vestido de seglar y Sor Andrea, la más joven, puesto como collar. Por este detalle fueron reconocidas como “monjas” al bajarse del tranvía cuando llegaron al pueblo de Vallecas para dejar a Sor Concepción en casa de un tío suyo que no quiso recibirlas. Primero las apedrearon, después las condujeron al Ateneo Libertario del pueblo donde fueron acosadas, insultadas y detenidas. Durante varias horas sufrieron provocaciones inmorales por parte de los miembros del tribunal integrado por cinco milicianos republicanos. Seguidamente separaron a las dos más jóvenes de Sor Mª Concepción y las llevaron a una celda de la checa ubicada en el Colegio de las Religiosas Terciarias de la Divina Pastora. Allí, unos milicianos atrevidos y desvergonzados sometieron a Sor Dolores y Sor Andrea al terrible martirio de la violación.

Seguidamente las llevaron a Los Toriles, como si fueran toros de miura. Allí las torearon y arrastraron mofándose de ellas un grupo numeroso de niños, jóvenes y milicianos adultos. Por último acabaron con su vida con un tiro que atravesó el cráneo, a Sor Dolores en el parietal izquierdo y a Sor Andrea en el derecho. A Sor Mª Concepción en lugar de torearla materialmente lo hicieron moralmente con provocaciones obscenas. Al final sufrió el tiro final en el cráneo, junto a la vía del tren en el término llamado del Pozo del Tío Raimundo, no sin antes proferir un grito fuerte como Cristo en la cruz. Como Él puso su vida en las manos del Padre y gritó: “Viva Cristo Rey”. Era el 3 de septiembre de 1936. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Vallecas, pudieron ser reconocidos y rescatados en 1941.

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