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sábado, 10 de octubre de 2020

LA CASA DEL PECADO MORTAL

La Casa del Pecado Mortal estuvo situada en la desaparecida Calle del Rosal, tenía escaso valor arquitectónico, pero dejó imborrable huella en la literatura y en la leyenda. Era propiedad de la Real Congregación de Esclavos de Nuestra Señora de la Esperanza y del Zelo en la Salvación de las Almas, fundada en 1730, de gran raigambre madrileña, especialmente por su ronda nocturna, conocida como “del Pecado Mortal”. En ella, los hermanos recorrían las calles, cantando saetas con intención religiosa, pidiendo “para decir misas y hacer bien por las almas que están en pecado mortal.La finca la había heredado la congregación de la marquesa de Villagarcía. Tenía cuatro vanos en cada piso de su fachada y estaba destinada a recogimiento de mujeres de vida equivoca. La cofradía pasó al convento de la Encarnación cuando, en 1925, fue derribada la casa y cobrado por ello una indemnización de 62.000 pesetas La muy breve calle del Rosal iba desde la de la Parada da la de Isabel la Católica. Una superposición de planos nos permite ubicar la casa, de la que estábamos hablando, aproximadamente, parte en la acera de la Gran Vía y parte en el vestíbulo del que fuese cine Pompeya. Pedro de Répide, Cronista de la Villa, dice de este inmueble: “Sólo hay tres casas en la calle del Rosal y sólo una tiene entrada en esta calle. Es la casa que siempre está cerrada: es la Casa del Pecado Mortal. Sus cuatro ventanas primeras están siempre cerradas con fuertes persianas. Sus cuatro ventanas segundas, con tupidas celosías; abajo, a la izquierda del muro, hay una ranura que sirve de buzón. Por allí se arrojan los memoriales de quinees precisan de la Institución”. Se refiere después a “los pecados del amor” que llevaron ahí a tantas mujeres a sus escondidas ansias, a los secretos de la casona que, a veces, servía para pecar de un modo discreto y “lo más honestamente posible”, Según terminaba Répide en su comentario

Texro la Libreria, fotografía Museo Municipal
 

viernes, 15 de junio de 2018

DOS MELLIZOS Y UNA LEYENDA

Esta historia comienza en la localidad de Carrión de los Condes en tiempos del rey Felipe IV, allí en un convento había una monja muy nilagrera por nombre sor Luisa, quién probto alcanzó mucha popularidad entre las gentes de los contornos. No tardó la Inquisición en tomar cartas en el asunto y, desde Valladolid, envió gente para detenerla y llevarla a la ciudad castellana para que prestara declaración. La detuvieron y, oor el camino, realizó algunos prodigios;  el que más sobresalió fue en una venta, donde encontró a dos pequeños mellizos con su madre, a la que se le había retirado la leche, estando los críos a punto de fallecer de hambre; entonces la monja consiguió que los pechos maternos se colmaran. El suceso llenó de admiración a los que allí se encontraban, pero no convenció  a sus guardianes. Aprovechando un descuido, sor Luisa huyó, pero enseguida fue encontrada y conducida a prisión, donde algunos años más tarde falleció. La madre de los mellizos regresó a Madrid, donde prontamente falleció unos de los mellizos; el otro más adelante contaría a las gentes el hecho prodigioso ocurrido en su infancia, y considerándole un elegido, empezó a recibir cuantiosos donativos, adquirió un importante capital en tierras y dinero. A su muerte, cedió el terreno de su casa a la cofradía del Santísimo Sacramento, dejando además una importante cantidad para misas por su salvación y especialmente, por la de su hermano.

Para saber más : Leyendas y anécdotas del viejo Madrid de don Francisco Azorín

sábado, 9 de junio de 2018

LA LEYENDA DE LAS MONJAS ENDEMONIADAS

El convento de San Plácido se encuentra a muy pocos metros de la plaza del Callao. Muchos habréis  pasado frente a sus muros, pero  muy pocos conocéis  la leyenda de misterio y demonios que se esconde de puertas para adentro. El halo de santidad que tiene ahora contrasta con el pasado diabólico que se le adjudicó en la corte de Felipe IV.
Este convento fue en su día escenario de todo tipo de rituales exorcistas, debido a las continuas agresiones que las monjas sufrían por parte de seres infernales. Diferentes episodios de esta índole lograron que en aquella época se conociera a esas religiosas como las «endemoniadas» de San Plácido.
Varias historias y leyendas pusieron en  el punto de mira al convento. Al poco de fundarse, comenzaron a escucharse rumores en la corte de que varias monjas habían sido poseídas por el demonio y que se las había visto tiradas en el suelo, con convulsiones y blasfemando a gritos.Todo comenzó cuando una joven novicia dio la voz de alarma al comenzar a realizar actos extraños, como dar voces y hacer gestos obscenos impropios de un religiosa. El confesor fray Juan Francisco García Calderón, comenzó a preocuparse por la situación, Y  determinó que la joven estaba poseída por el diablo. Por este motivo se le practicó un exorcismo de urgencia que no dio buenos resultados: no sólo se pudo curar a esta hermana, si no que además otras veintiseis corrieron con la misma suerte.
El asunto llegó a extremos tan alarmantes que todas las moradoras de San Plácido, exceptuando a cuatro, cayeron bajo la influencia del Maligno. Los rumores llegaron pronto al Inquisidor General, don Diego de Arce de Reynoso, que abrió un largo proceso. Éste culminó en 1631 al dictarse prisión perpetua, ayunos y disciplinas para el confesor fray Juan Francisco García Calderón, que tras el tormento se autoinculpó de haber cometido actos pecaminosos con las monjas. Por su parte, la priora fue desterrada, mientras que la comunidad con el resto de las monjas fue repartida para evitar que los hechos se reprodujeran en un futuro.

Otro hecho sobre este convento lo podéis ver en la entrada publicada en este blog,  el día 8 de enero de 2017
con el título: EL CRISTO DE VELAZQUEZ

jueves, 31 de mayo de 2018

LA MONJA DE LAS LLAGAS ( CUARTA Y ÚLTIMA PARTE)

El segundo atentado a sor Patrocinio tiene por escenario el locutorio del convento de
Aranjuez. Esta vez el agresor está dispuesto a no fallar y dispara consecutivamente a
corta distancia. Pero de nuevo la monja sale ilesa. Como un eco de los disparos, del Congreso surgen también protestas incandescentes contra «la influencia perniciosa ejercida
por sor Patrocinio ».

SOR PATROCINIO EN EL EXILIO

En la madrugada del 18 de septiembre de 1968, veintiún cañonazos de la fragata Zaragoza, anclada en Cádiz, anuncian el destronamiento de Isabel II. El 19, en la bella ciudad andaluza, se lanzaba un manifiesto revolucionario, en el cual se hacían grandes acusaciones a la reina y preveían la necesidad de un «gobierno provisional que represente a todas las fuerzas vivas del país, asegure el orden en tanto que el sufragio universal eche los cimientos de nuestra regeneración social y política ». El encuentro de las fuerzas reales con las revolucionarias, mandadas por el general Serrano, tuvo lugar en el pueblo cordobés de Alcolea. Las tropas de
Isabel II no tardaron en un irse al ejército revolucionario. que prosiguió su marcha a Madrid. La reina, que estaba veraneando en San Sebastián cruzó la frontera el 30 de sep￾tiembre. en medio de la indigerencia general. Iba acompañada de su servidumbre y del P. Claret. En Francia se instalaron en el castillo de Enrique IV, fundador de la dinastía de los Barbones que puso a  su disposición la emperatriz Eugenia de Montijo.
El convento de las Concepcionistas se ve asediado por una muchedumbre agresiva, que
denuesta y amenaza a sor Patrocinio. Entre la lluvia de piedras estallan mueras a la «monja de las llagas» . El arzobispo de Toledo aconseja a sor Patrocinio que se marche a Francia. Cuando el Gobierno ordena su detención la monja ha cruzado la frontera. EI4 de octubre llega a Bayonne . Varias comunidades de Concepcionistas son expulsadas del país y a fines de 1868 la mayor parte de sus compañeras se han reunido con ella en tierra
francesa . De Bayonne se trasladan a Bonneuil, más allá de París, cuyo castillo ha adquirido gracias a la venta de joyas procedentes de obsequios religiosos. Es la primera fundación
de sor Patrocinio en Francia . Poco después recibe la visita de Alfonso XII y de su madre
Isabel II.
Pero la tranquilidad dura po￾co. En 1870 estalla la guerra con Prusia. Sor Patrocinio decide evacuar la comunidad del castillo de Bonneuil. y pocas horas más tarde se alojan en él
oficiales prusianos. En París se juntan con la comunidad de Montmorency. La «monja de
las llagas» acaudilla medio centenar de religiosas. completamente desprovistas de
medios.
Pasan los años, ya está Alfonso XII en el trono.
Al poco tiempo, el arzobispo de Toledo, asistido por Alfonso XII, que sufraga los gastos del
viaje, autoriza su regreso a España. Mientras la comunidad sigue viaje a Aranjuez, el 21 de enero de 1877, sor Patrocinio, acompañada por el conde de Losa y don Juan Antonio Quiroga, llega a Guadalajara.
A dos pasos de la muerte, en mayo de 1890, aún trata de fundar una comunidad en San
Clemente de La Mancha. Y, a punto de extinguirse, inicia la reforma de un beaterio de
Granada. Sor Patrocinio, tan amada y tan odiada, que con el montaje de sus sangrientas
llagas llegó hasta el trono, donde durante tanto tiempo movió, desde su convento y en
nombre de Dios, los hilos del tinglado palaciego y explotó la credibilidad de las gentes
sencillas con su farsa esperpéntica, moría en la madrugada del 27 de enero de 1891.

LA MONJA DE LAS LLAGAS (TERCERA PARTE)

LA SENTENCIA

EI 25 de noviembre de 1836,el juez dictaba la sentencia de la causa seguida a sor Patrocinio, acusada de haberse prestado ...." a la impostura y artificio de la impresión de las llagas, cuyo origen natural se había intentado atribuir a milagro del Altísimo ". Por todo lo cual se la condenaba a sufrir destierro en un convento que distara 40 leguas de la Corte. Sus compañeras de claustro, su confesor y demás religiosas que contribuyeron a divulgar el suceso, quedaban absueltas.
Era sor Patrocinio una mujer de 25 años. A esa edad su nombre había llegado a todos los rincones del país. A su juventud unía belleza, de grandes ojos rasgados, de poderosa mirada, no exenta de "dulzura, suavidad y aquel conjunto de cosas que roban la atención de quien la trata", según declaró en el proceso una de sus compañeras. El lugar elegido para el destierro es Talavera de la Reina. El convento, el de las Concepcionistas Calzadas de la Madre de Dios. En este retiro, primer destierro de los muchos que sufrirá a lo largo de su ·existencia , enferma a poco de llegar y es trasladada al de Torrelaguna. Allí la "monja de las llagas" escribirá su «Ejercicio Manual a María Santísima del Olvido, Triunfo y misericordia, por la más humilde de sus hijas, sor Dolores María del Patrocinio». Impreso de orden de S. M. y de Su Real Casa. 1860.
Sor Patrocinio sufrirá destierro hasta 1844 y permanecerá alejada de Madrid nueve años.
En septiembre se reincorpora a su comunidad, alojada ahora en el convento de La La￾tina. La monja que vuelve del destierro es acogida con gran￾des muestras de alegria y de fervor. No se la ha olvidado, el escándalo ha fortalecido su popularidad. En tal ambiente no tardan en reproducirse las llagas. Pero ahora no es necesario exhibirlas y por lo tanto aplicarse la bolsita de la reliquia. Basta con que se vende aparatosamente las manos.
La popularidad de sus enigmas reverdece con singular empuje. De todas partes em￾iezan a afluir consultas y solicitan sus consejos. La propia Infanta Maria Luisa Carlota, en su lecho de muerte, pide tener a su cabecera la imagen de la Virgen del Olvido, que descendió desde el cielo a las manos de sor Patrocinio. Otro día recibe la visita de doña María Cristina y de sus hijas. doña María Fernanda e Isabel ll.  El prestigio de sor Patrocinio   crece de día en día. El 28 de octubre de 1845, la comunidad se traslada del convento de La Latina al de Jesús Nazareno, cedido por el duque de Medinaceli. La "monja de las llagas" es nombrada maestra de novicias.

EL PRIMER ATENTADO

Una fría mañana de enero de 1848, llama al tomo del conven to un señor que pide ver a sor Patrocinio, para un asunto de gran urgencia. Tras algún titubeo, la maestra de novicias se decide a bajar al locutorio acompañada de la abadesa . Apenas la ve aparecer, el desconocido saca una pistola y dispara sobre las monjas. que escapan ilesas. Pero días más tarde, victima de susto, fallece la vieja abadesa. El 7 de febrero es elegida, en su puesto, la sobreviviente del atentado. Las primeras personas que felicitan a sor Pa￾trocinio son la reina Isabel II y el rey consorte. don Francisco de Asís, grandes amigos suyos. En el reinado de Isabel 11 la figura del confesor como la del consejero, gozaron de un prestigio excepcional. Los liberales lucharon tenazmente contra su nociva y prepotente influencia . Aparte del poder que ejerció el oscuro personaje del P. Fulgencio.los santos oficiales de la «Corte de los Mila￾gros» fueron sor Patrocinio y el P. Antonio María Claret. La soberana, de vida tan poco ejemplar, y su consorte, en perpetua desavenencia, se esforzaron en dar a su gobierno una imagen cristiana que «borrara en lo posible las impiedades» liberales. De ahí que los santos cortesanos tuvieran
tan marcada ascendencia en palacio. Sor Patrocinio fue íntima amiga, confidente y consejera del matrimonio. Bermejo, en su Estafeta de Palado, carta VI, escribía: " Se
murmuraba que don Francis￾co, por las frecuentes visitas y a horas desusadas, que hacía a
sor Patrocinio, hubo de tener con ella apegamientos fuera de modo, que debilitan en mucho la san tidad de la monja y la fe del adorador ... ",
Según las fluctuaciones de la política española, la monja recuperaba su influencia en palacio, cuando gobernaban los moderados, apostólicos o carlistas, o se veía obligada a salir de nuevo .al destierro, si subían al poder los progresis￾tas. La auxiliaban en estos menesteres extrareligiosos el padre Fulgencio, confesor del Rey, hombre limitadísimo, pero provisto de sinuosa habilidad aduladora. Las intrigas de la monja la indispusieron a veces con los dos bandos, como ocurrió con el complot del ministerio llamado «refámpago», el 19 de octubre de
1849, que sólo duró 24 horas.
Por el Madrid chusco pululaban romances, coplillas y versos, que el pueblo divulgaba con generosidad y sarcasmo:

Temo que el cetro se convierta en báculo
y el Estado, hoy caduco, muera ético
si otro escolapio en ademán ascético
logra ser rey cónyuge el oroculo.
Venero a Dios, vero al Tabernáculo.
mas no a hipócrita sor, que con emético
llagas remeda, a cuyo humor. herpético
fue quizá el torpe vicio receptáculo.
¿Cuestión de religión lo que es de clínica?
¿Y a darnos leyes desde el torno? iCáscaras ... !
Esto na se tolera ni en el Bósforo.
Mas, si la farsa demasiado cínica se repite, caerán todas las máscaras
y arderá España entera como un fósforo.

Al triunfar de nuevo Narváez, intenta detener a sor Patroci￾nio. Pero la monja se acoge a la
clausura del convento de Jesús, de donde no puede salir más que con el visto bueno del
vicario de la Orden, y éste se niega a darlo, sin el consentimiento del Nuncio. Al fin logra encararse con la monja, que aparece ante el general con un crudfijo en las manos, en actitud teatralmente hierática .Pocos días después era trasladada al convento de Santa Ana, en Badajoz.

OS ESPERO EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO

miércoles, 30 de mayo de 2018

LA MONJA DE LAS LLAGAS (SEGUNDA PARTE)

El juez es don Salustiano Olózaga, antiguo pretendiente de Lolita, se encuentra cara a
cara con su desdeñosa amada, para instruirle expediente y tratar de esclarecer aquel enjambre de «misteriosos hechos ... , que traen soliviantado a Madrid. El amanuense transcribe durante nueve horas las declaraciones. Al teminar, el juez intenta llevarse a la monja de las llagas ... , pero la priora se opone resueltamente a ello. Fuera, dispuesta a todo, está la multitud. El juez, al fin, sale solo. Dos días más tarde, el 9 por la mañana, después de rezar los maitines, la sacaron entre bayonetas, y puesta en un coche, sin que nadie la acompañara, la llevaron a una casa, no buena, y si no hubiera sido por el demandadero que tuvo la feliz ocurrencia de disfrazarse para no ser conocido y seguir el coche, ni este consuelo de saber dónde estaba hubiese tenido su querida comunidad ... , declaró la priora. El carruaje la condujo a la casa número 119 de la calle de la Almudena, donde la esperaban su madre y su hermana. Al día siguiete las llagas de la monja eran examinadas por varios facultativos, los cuales prescribieron remedios para curarlas. Las heridas no tardaron en cicatrizar y los médicos certificaron la curación de las vulgares llagas.

SE DESCUBRE EL ARTIFICIO DE LAS LLAGAS
A sor Patrocinio la trasladan al convento de las Arrepentidas, de la calle de Hortaleza.
Allí, la monja está rodeada de mujeres de vida pintoresca, deshauciadas por el amor, que
la observan como a un bicho raro. Es el blanco de la mordacidad de sus compañeras de
cautiverio que toman a chifladura la farsa de los estigmas.
Sor Patrocinio se ve obligada en el proceso a confesar: .Que habiendo enfermado una reli- giosa, cuando la declarante estaba de novicia, entró el padre Alcaraz, religioso capuchino del Pardo, a asistida y entonces la vio y habló de cosas indiferentes. Que a los pocos días fue llamada al locutorio y se encontró que estaba allí solo dicho padre Alcaraz, el cual como en tono de sermón le dijo que San Pablo en sus cartas exhortaba mucho a la penitencia, y enseguida sacó de la capilla una bolsita en que dijo conservaba una reliquia, la cual aplicada a cualquier parte del cuerpo causaba una llaga, que debía tenerse abierta para seguir padeciendo y teniendo tal mortificación, ofreciendo a Dios tales dolores como penitencia de
las culpas cometidas y que pudiera cometer, y alcanzaría el perdón con ellas. Sobre esto
le hizo un terrible encargo. mandándole aplicase a las palmas de las manos y al dorso de ellas, a las plantas y parte superior de los pies, en el costado izquierdo y alrededor
de la cabeza, en forma de corona, encargándole muy estrechamente bajo promesa de
obediencia y las más terribles penas en el otro mundo, que no manifestase a nadie de qué
la había provenido y que si le preguntaban debería decir que sobrenaturalmente se había hallado con ellas_.

OS ESPERO EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO

martes, 29 de mayo de 2018

LA MONJA DE LAS LLAGAS (PRIMERA PARTE)

En 1830, por Madrid, empieza a propagarse el rumor de que una monja del convento del Caballero de Gracia está estigmatizada con.las llagas de Cristo. La elegida del Señor es sor Patrocinio.
Nacida diecinueve años antes, en San Clemente de la Mancha. donde a la madre la sorprendieron los dolores del parto, cuando huía de las tropas francesas que invadian el país. Era el 17 de abril de 1811. Y ese mismo día comienzan los prodigios de esta vida afabulada y curiosamente influyente. capaz, de perturbar la sucesión de una dinastía .
Terminada la Guerra de la Independencia , sus padres, don Diego Quiroga y doña Dolores Cacopardo. se instalan en Chinchilla, donde él reco￾bra su cargo de administrador de Rentas Reales. Años más tarde, cuando la familia pro￾yecta trasladarse a la Corte, muere el padre y su viuda, acompañada de sus dos hijas.marchaba a Madrid.
A los 16 años, Lolita , como se llamaba en el mundo sor Patrocinio, por influencia de su
tia la marquesa de Santa Coloma, entra como educanda en las Comendadoras de Santiago. Primero tienen que vencer la resistencia de la madre que veía con buenos ojos al pretendiente Salustiano Olozaga, que será jefe de los progresistas. La jovencita es confiada a la hermana de la abadesa , doña Petronila Zurita, la cual alienta y propala los pri￾meros prodigios de Lolíta: éxtasis, visiones y viajes por los aires en compañía del demonio . Un día, sus compañeras la encuentran en la capilla, en trance, sentada sobre el ataúd de un caballero que espera le den sepultura. El demonio la persigue y es víctima de toda
suerte de sevicias: la hace rodar por la escalera, ·la vierte encima una olla de lejía hirviendo y el convento es invadido por espantosos ruidos.
El 19 de enero de 1829, Lolita se convierte en monja franciscana y, un año más tarde, profesa y hace votos de pobreza, de humildad y de castidad.
Para entonces. el rumor de que está tocada de la gracia divina es irrefrenable. Así se
admi te, sin reservas, desde las altas capas sociales hasta los
más bajos estratos del país. En adelante, sus actos deberáncorresponder a la fama adquirida, hija de sus prodigios y de la ciega devoción del vulgo.
Mosén Joaquín Serrano, su confesor y capellán de las Salesas, cuida todos los detalles:
La leyenda arranca desde su infancia, ya que a los dos años dialoga con la Virgen y a los
cuatro entra en la cueva de un león y la fiera, sumisa, le lame las manos.
VENERADA EN VIDA
El 10 de octubre de 1830 nace Isabel II. Un partido mayori￾tario cifra el bienestar de España en la princesa recién nacida. Otro, al amparo de una vieja ley derogada, se dispone a luchar por la continuidad de la tradición. La guerra civil entre cristinos y carlistas coronará la tensión interna.
La noticia de que el señor ha estigmatizado a sor Patrocinio, en gracia a sus excelsas
virtudes, corre de boca en boca. La monja despierta una inusitada curiosidad: nadie
quiere perderse el espectáculo. Al pomo del convento de Caballero de Gracia llaman
incesantemente toda suerte de personas, deseosas de contemplar de cerca el prodigio sobrenatural. Las damas de la aristocracia son las primeras en precipitarse al convento.
La princesa de Biera llega a pedir a la madre superiora que le den un almohadón en el
que la monja haya apoyado su llagada cabeza, con las huellas de la corona de espinas,
para poder curar así Ios accidentes que sufría •. Otras damas linajudas pretenden llevarse sus vendas y mitones, para utilizarlas en sus prácticas religiosas. La incontenible y condicionada imaginación popular atribuye a sor Patro￾cinio innumerables curacio￾nes y profecías, que más de una vez se confirman ante la asombrada curiosidad públi￾ca.
En agosto de 1831, estando sor Patrocinio en el coro, ve bajar a la Virgen María sentada en
una nube. La Señora entrega a la monja una «preciosa imagen. enriquecida con dones e
indulgencias. Se abre entonces el ciclo de las apariciones.
Para el país son tiempos de violencia. En 1834, el cólera asola Madrid, las turbas acusan a los frailes de envenenar las aguas, grupos de agitado￾res asaltan los conventos y mñlatan, violan e incendian ...
Las gentes piadosas necesitan más que nunca evadirse de aquel terror terrenal, están
sedientas de consuelos etéreos. Sor Patrocinio es la fuente que mitiga su sed.
La fama del poder sobrenatural de la monja alcanza tales dimensiones que la justicia sve obligada a intervenir: el 7 de noviembre de 1835, a primeras horas de la ttarde, llega al convento de Caballero de Gracia un piquete de la Guardia Nacional, que precede a la
Justicia. Tanto elemento judicial y militar llama la aten￾ción de los curiosos que se
agolpan a las puertas de la casa religiosa. Alguien ha lanzado la noticia de que a sor
Patrocinio se la llevan detenida, acto que la multitud se dispone a impedir.

Os espero en el siguiente capítulo.

miércoles, 10 de enero de 2018

LA CIBELES

LA FUENTE DE LA CIBELES:

La Cibeles (así antepuesto el artículo la, por obra del castizismo) es ya símbolo de Madrid, como lo es la Giralda, de Sevilla; la Torre Eiffel, de París; o el Coliseo, de Roma; pero, además, es algo muy entrañable para todos los que vivimos en la Villa. Más que una diosa, nos parece una garbosa madrileña montada en calesa, que se dirige al Prado a escuchar el último atrevimiento de la duquesa Cayetana.

Parece ser que el rey Carlos III pensaba que esta fuente fuera llevada a los jardines de la Granja de San Ildefonso, pero el pueblo de Madrid, que se había encariñado con ella, deseaba con toda el alma que aquí se quedara. Tres hombres ilustres, José Hermosilla, Ventura Rodríguez y el conde de Aranda, haciéndose intérpretes del sentir popular, consiguieron que la famosa fuente se quedara entre nosotros.

Pero la Cibeles es también símbolo del siguiente relato mitológico:

Había una diosa llamada Atalanta, que era célebre por su ligereza para correr; habilidad en la que nadie la aventajaba. También era lindísima, retratos y esculturas así lo demuestran. Atalanta era feliz; con frecuencia se miraba en el espejo de las aguas y, de verdad que se encontraba, francamente bien. Como perteneciente al género femenino era muy curiosa y quería saber, adivinar su destino. Como en el Olimpo no había prensa, no pudo echar una ojeada a su horóscopo, pero allí estaba el Oráculo, siempre dispuesto a descubrir arcanos. Atalanta consultó con él  y... ¡la fastidió!, pues la respuesta fue que si se casaba mudaría de forma. Atalanta se dispuso a esquivar su destino, dedicándose a la caza y jurando no dar su mano sino a quien la aventajara en una carrera pedestre; en cambio el castigo del vencido sería su muerte. Pasó algún tiempo. Todos los que se atrevieron a aceptar su reto, sucumbieron.

Pero llegó un día, para su desdicha, que le fue fatal. Un joven llamado Hippomenes, se enamoró locamente de Atalanta. Las condiciones eran duras y los precedentes desalentadores; sin embargo, se decidió a probar fortuna. La muerte era lo más probable. Y entonces apareció Afrodita, más conocida por Venus, y siempre presente en cuestiones de amor. Acababa de llegar de Canarias, donde por entonces se hallaba el Jardín de las Hespérides. Afrodita habia arrancado allí tres manzanas de oro.

La competición está a punto de comenzar. La diosa, en un aparte, entrega a Hippomenes las manzanas y, con gran sigilo le da unas instrucciones complementarias. Suena la señal. Se inicia la carrera. Atalanta se adelanta en seguida. Entonces Hippomenes lanza a su paso, una manzana de oro. Atalanta no puede resistir la tentación de cogerla. Hippomenes aprovecha la ocasión y avanza. Pero Atalanta pronto le rebasa de nuevo. Hippomenes lanza la segunda manzana. Y, así la tercera. Atalanta es vencida por el tramposo enamorado y... tienen que casarse. En el calor del himeneo se olvidan dar las gracias a Afrodita por haber facilitado el ardid que les permitía ahora ser tan felices. La diosa de la hermosura se enfurece y pronto encuentra la manera de perjudicarles. Les sugiere algo terrible; que penetren en el templo de Cibeles, la diosa de la Tierra para profanarlo. Los esposos que no tienen ni pizca de malicia, lo hacen. Cibeles monta en cólera a Atalanta la convierte en leona y a Hippomenes en leoncito y los une a su carro para siempre.

(Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid)

martes, 9 de enero de 2018

LA CUESTA DE LA VEGA, LA VIRGEN DE LA ALMUDENA Y DON PEDRO EL CRUEL

Ascender por la Cuesta de la Vega ha sido y es una buena forma de llegar al Alcázar “castillo famoso”, de plantarse en lo alto de Madrid. Abajo queda el Manzanares, pobre de agua, rico de ironías literarias, pero millonario de interés prehistorico, sobresaliente importancia, el descubrimiento del yacimiento paleolítico, realizado en 1862, por el ingeniero don Castiano del Prado.

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Alfonso VI realizará la hazaña de su conquista definitiva.

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Subían sus tropas por esta Cuesta de la Vega, cuando una mañana del año 1083, una imagen chiquita, morena y algo tosca, se desprendió del cubo de la ciudadela ( éste es el significado de la palabra árabe “almudena” y vio cómo el aire del Guadarrama ondeaba las victoriosas enseñas castellanas. Esta advocación mariana deja para la antiquisima Virgen de Atocha la devoción de reyes, de príncipes y de nobles, reservándose, entre otras, la de los madrileños de escepción: el labrador Isidro y el poeta Lope de Vega.

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Pedro el Cruel es una figura singular; sus aventuras, sus pecadillos de amor, hay que evocarlos en otros escenarios, especialmente del barrio de Santa Cruz al Alcázar sevillano. En Madrid es distinto y, sin embargo, el monarca y la ciudad se amaron, restauró el Alcázar madrileño mejorando sus condiciones de habitabilidad, residiendo aquí muchas temporadas. Fueron quizás los madrileños quienes empezaron a añadir a su nombre el apodo de “Cruel” y, sin embargo, en la fraticida lucha por el trono, esos mismos madrileños, acaudillados por los Vargas, los Luzones y los Lujanes, se levantaron en armas a su favor; y aún después de la trágica noche del 23 de marzo de 1369, cuando ya todo estaba consumado, sus restos mortales fueron traidos por su nieta, doña Constanza de Castilla, priora del desaparecido monasterio madrileño de Santo Domingo el Real, para que reposaran allí.

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En la bruma de la leyenda, en Madrid, la figura del rey Pedro el Cruel aparece como una sombra inseparable de su matador y hermanastro Enrique de Trastámara.

LA LEYENDA

La noticia nos viene sin detalles; carece de fecha determinada, ni siquiera expresa el nombre de la víctima; tan sólo señala el escenario: exactamente, la Cuesta de la Vega. Un noble, que gozaba de la estima real (lo que no era fácil) apareció muerto violentamente en este sitio. De inmediato se transmitió al monarca la triste nueva, quien ordenó que no se tocara el cadaver. Así se hizo. Don Pedro, totalmente embozado, salió del Alcázar y se trasladó al lugar del suceso. La noticia del crimen corrió como la pólvora y pronto llegaron muchísimos curiosos que miraban y miraban, haciendo los consabidos comentarios sensacionalistas, hasta que apareció un indivíduo sin mirar siquiera hacia donde estaba el muerto. Entonces el rey lo mandó detener, diciendo: ” Este es el asesino”. Y, efectivamente, entregado a la Justicia y, después de laboriosas investigaciones, se llegó a demostrar que el autor del crimen había sido el que había señalado el dedo del monarca. ¿Intuición? ¿Sicología? ¡ Qué lástima que no la aplicara para adivinar la trampa que Duguesclin le tendió en la trágica noche de Montiel  que le costó la vida !

Fuente: Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco. Azorín



lunes, 8 de enero de 2018

AQUÍ VIVIERON LOS MAJOS

Atravesamos la calle de San Bernardo para hacer una breve incursión en el barrio de Maravillas, en el comienzo de la demarcación donde vivieron los “majos”. Pero “majos y manolos” ¿no son sinónimos? Por favor, ¡todavía hay clases! – que diría un castizo -. Los “manolos” fueron fanfarrones, con gran devoción por las algaradas, preferían los simples amoríos y se empleaban en oficios que no les sujetaran mucho. Fueron aguadores, soguillas, cantores de romances, caleseros… Los “majos”, en cambio eran más tranquilos, de festejos más sosegados y con empleos de horas fijas: ebanistas, zapateros, guardias de Corps, sacristanes…; solían pecar, pero lo hacían “de tapadillo”, guardando las apariencias; no provocaban, pero eran valientes y “sabían apretarse los machos” cuando las circunstancias lo requerían y así el 2 de mayo de 1808 se convirtieron en protagonistas, mientras que los “manolos” actuaron de simples comparsas.

Las raices del barrio estarían en ambas Correderas, en la Plaza de San Ildefonso, en la calle de la Luna, en la calle del Desengaño.


(Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín)

El majo de la guitarra

domingo, 7 de enero de 2018

ENCIERRO MORTAL

La plaza de Santo Domingo, que junto con la cuesta, recibió el nombre del convento que aquí existió (entre los siglos XIII al siglo XVII), y cuyas numerosas obras de arte fueron destruidas por revoluciones y por la ” francesada “

Una impresionante tradición cuya primera noticia escrita nos llega de una monja, sor Corazón de Jesús, en un libro publicado en Santiago de Compostela.

Primeros años del convento. 1478. Las monjas reunidas en el templo estaban rezando maitínes. Sus voces sonaban rítmicas en las bóvedas del templo. Todo ocurría con la monotonía de otras veces hasta se escuchaba algún suspiro apagado. De improviso, el sobresalto de las monjas al escuchar unos golpes seguidos de ayes y de confusas voces llamando : ” ¡ madre abadesa ! “, ¡ madre ecónoma! ¡ sor Maria Luisa !”. Las hermanas sobrecogídas de espanto se refugian en una sala muy alejada y acuerdan acrecentar sus penitencias porque lo sucedido les parece un aviso celestial para que enmienden sus conductas y encaucen las voluntades en el servicio de la auténtica vocación.

A todo esto, aclaremos la causa de tan extraño suceso. Junto al convento existía el palacio de un noble  por cuyas venas corría sangre real. Su esposa, sufría unos ataques durante los cuales permanecía como muerta ( ¿ tal vez catalepsia ? ). El marido, mientras duraba el accidente de su cónyuge, permanecía a su lado, y después le aplicaba los remedios dictaminados por un famoso físico.

El esposo tuvo que salir de Madrid y recomendó machaconamente a los criados que si se producía el ataque durante su ausencia esperaran pacientemente hasta que se le pasara. Ocurrió el caso, pero el fenómeno duró mucho más tiempo que las veces anteriores. El mayordomo creyó que esta vez si le había llegado la muerte a la señora y dio orden a la servidumbre para que se enterrara el cuerpo en una de las capillas del monasterio, cuya llave tenían por ser propiedad del matrimonio que la había adquirido para ser panteón familiar.

La infortunada doña María no estaba muerta, y al volver en sí,  llamó y golpeó la puerta de su sepulcro por si alguien la pudiese escuchar y librarla de su encierro. Las monjas que no conocían lo sucedido, se habían alejado del templo dominadas por ocultos remordimientos, según ya se ha indicado, y no podían oirla. Al regresar el marido, tres meses más tarde, se descubió la verdad cuando halló entreabierto el ataúd con una mano fuera del mismo. No cabía duda; doña María había sido enterrada en vida. La comuidad aumentó sus rezos. El mayordomo y los criados fueron encarcelados. A la gente le creció el temor por esta horrible forma de hacer el viaje definitivo.

Fuente : (Leyendas y anécdotas del viejo Madrid de Francisco Azorin)

Estatua Orante del Sepulcro del Rey Pedro I de Castilla

domingo, 10 de diciembre de 2017

SAN ANTONIO EL GUINDERO

La devoción por San Antonio de Padua era muy extendida en la ciudad de Madrid durante el primer tercio del siglo XVII. A sus seguidores se les denominaba con el mote: “guinderos”. La razón de este apelativo era que sus devotos portaban un escapulario en el cuello con la representación de una guinda y llegado el 13 de junio ofrecían las denominadas cerezas del santo. La congregación de los guinderos nace de una leyenda madrileña:

Ascendiendo lentamente por la Cuesta de la Vega, venía un hortelano que, a lomos de su borrico,cargado de guindas, pretendía llegar a la Villa para vender el género que portaba en dos enormes serones. El labrador oyó el trote de un caballo que se le acercaba por detrás y sin darle tiempo a reaccionar le pasó rozándole. El burro se asustó, coceó y el labrador se vio en el suelo. Se fue hacia el borrico inténtando sujetarle, pero el resultado fue que el animal se asustó más, coceó más y la carga vino al suelo esparciendo sobre el camino toda las guindas que se iban pisoteando. El hobre apartó los ojos del burro y se fijó en la alfobra roja que se extendía por el camino y, desesperado, cayó al suelo llorando, al levantar la vista, encontró a un fraile joven que se acercaba mirándole. Cuado llegó hasta él, le preguntó si necesitaba ayuda, proponiédole que recogieran las guindas aprovechables, pues nada perderían con ello. Se pusieron los dos a trabajar cada uno con un serón, mientras el burro se iba tranquilizando.

Cuando termiaron, el labrador no podía creerlo, los serones llenos sobre el animal y las guindas como si no hubiese ocurrido el incidente. Agradecido se volvió al fraile y le ofreció unos puñados de fruta. Éste le pididió que se las llevara más tarde a la iglesia de San Nicolás pues allí se encontraría. Unas horas después, con las ganancias de la venta en el bolsillo y un serón casi repleto de guindas, acudió a cumplir lo prometido. La iglesia estaba vacía y se arrodilló para rezar esperando ver al que le había ayudado. Lo encontró, pero no de pie, sino pintado en lo alto del altar con la misma sonrisa jovial que tenía  unas horas antes.

Dejó las guindas a sus pies y corrió a proclamar el milagro. Desde entonces esa imágen de San Antonio es conocida con el sobrenombre de “El Guindero” y aún se puede venerar en la iglesia de Santa Cruz.

“ Historia de Madrid de Federico Bravo Morata“

Imagen del siglo XVI de San Antonio denominado "el Guindero" venerada en la Iglesia de Santa Cruz

domingo, 15 de octubre de 2017

UN BANDOLERO MADRILEÑO

SABIAS QUE:

Francisco de Villena, conocido como Paco  "el Sastre " anduvo por la sierra de Madrid después de haberse fugado de la cárcel del Saladero de Madrid, su golpe mas sonado fue el secuestro de los hijos del Marques de Gaviria en 1839, valiéndose de la estratagema de recogerlos a la puerta de su colegio, en la calle de Hortaleza en Madrid, haciéndose pasar por el cochero habitual del Marques y conduciéndoles a la Pedriza, dónde se refugio, e hizo que un pastor de Manzanares llevara al Marques una carta pidiendo un rescate de tres mil onzas de oro por la vida de los niños. Antes del pago, la partida de bandidos fue cercada en los alrededores del canto del Tolmo por soldados del Regimiento de la Reina Gobernadora que fueron guiados por el encargado de la fabrica de papel de Manzanares, conocedor de la zona. ‘El Sastre’ pudo huir, pero un año después fue localizado en Madrid, mientras paseaba despreocupadamente por el Rastro, siendo detenido, encarcelado y condenado a muerte, cumpliéndose la sentencia en el patíbulo habitual del paseo de Pontones, en las proximidades de la Puerta de Toledo.

jueves, 4 de mayo de 2017

EL MORO CELOSO

Esta leyenda era la preferida del gran don Emilio Carrere, tan enamorado de la calle del Sacramento. Poco más o menos, era ésta su versión:


Habitaban la casa un noble moro y su esposa, mujer de extraordinaria hermosura, quien tenía como amante a un caballero español. Pasaron unos meses y de la noche a la mañana, desapareció el galán hispano, sin que ya más se supiera de él. Como pasa siempre, al principio se comentó su ausencia y más tarde se le olvidó por completo. Transcurrido el tiempo, falleció el árabe y, entonces, la bella mora descubrió lo sucedido: su esposo había sorprendido juntos a los amantes y dado muerte a su rival. Para dejar impune su acción le habilitó una tumba en el tejado de la misma vivienda. La enamorada, como tributo a su amante, se convirtió al cristianismo y en su recuerdo hizo instalar una cruz de madera en el lugar que fue durante algún tiempo la tumba del caballero español.

Más o menos hasta los años 70, la casa de la Cruz de Palo estaba en la contemplación del perplejo transeúnte de la calle del Sacramento. Por ella todavía en las noches de luna, vuelve a pasear el fantasma de Emilio Carrere, con su capa y su pipa inconfundibles, que va diciendo:
           
                     " La calle del Sacramento
                     duerme en un encantamiento secular.
                     Con sus vetustas mansiones
                     sus palacios infanzones,
                     y sus amables rincones
                     tan dulces para soñar... "

Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín. Ediciones El Avapiés 1992


martes, 2 de mayo de 2017

LA TORRE DE SAN PEDRO EL VIEJO

Este es el nombre  popular; el de la iglesia es el de San Pedro el Real, se halla entre la cuesta de San Pedro, calle del Nuncio y la travesía del mismo nombre Es uno de los templos más antiguos de Madrid, que conserva la bella capilla de los Lujanes, con sus trofeos. Pero de lo que nos vamos a ocupar es de su espléndida torre mudéjar, con su ventana arábigo-bizantina. Torre que, es origen de varias leyendas:


Se dice que cuando llevaron las campanas para su instalación, se comprobó que no cabían en las escaleras de acceso a la torre. Inútilmente se probó varias veces. Como se hacía de noche se dejó la decisión para tomarla al día siguiente y se fueron los obreros a dormir a sus casas. Regresaron, muy de mañana, con la preocupación consiguiente, encontrándose con la sorpresa que ya se hallaban colocadas en el campanario, sin que se pudiera averiguar quién las había subido hasta allí
Madrid ( aunque nos cueste hacernos a la idea a nosotros, personas que vivimos en el siglo XXI ) fue un pueblo eminentemente labriego, donde el campo era protagonista de la vida de los vecinos de entonces. Corrió el rumor de que las campanas de la iglesia de San Pedro el Viejo, en su volteo, destruían las nubes cargadas de pedrisco. Por ello los campesinos pedían y pedían, a cambio de algunos dineros, que sonaran cuando se aproximaban las mencionadas nubes y, el campanero tuvo así un sustancioso sobresueldo que le permitió adquirir unas tierras al otro lado del río Manzanares.
Seguimos con las famosas campanas y, ya penetrando totalmente en el campo de lo mágico. Se afirmó que tocaban, sin que nadie manejara sus gruesas cuerdas, en momentos difíciles de la historia madrileña: cuando en El Escorial, murió FelipeII ; cuando el Príncipe de Gales, futuro Carlos I de Inglaterra, abandonó la Corte sin haber conseguido la mano de la infanta María y se fue a su tierra, donde le estaba aguardando el cadalso; cuando la invasión francesa; cuando las epidemias de peste que asolaron a Madrid.
En resumen, las campanas sonaban como un aviso trágico o, tal vez, como un lamento sordo.

Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de D. Francisco Azorín García
Editorial Avapies séptima edición: octubre de 1992


miércoles, 15 de marzo de 2017

EL CID?



Cuenta una leyenda que gobernaba en Madrid el moro Aliatar, enamorado de la bella mora Zaida, y para conquistarla organizó unos juegos y festejos en la plaza del Alamillo. Comenzó la fiesta de alancear a un toro. Resultó el astado bravísimo, y cada moro que intentaba clavar su lanza al animal, terminaba volteado y por los suelos.
Apareció un caballero cristiano que quiso probar suerte, y Aliatar se lo permitió pensando que correría la misma suerte que los demás. Pero el caballero alanceó al toro con gran precisión y acabó con la vida del animal. el caballero se desprende del casco y enseña su rostro: era el Cid Campeador.
Tras su victoria, el caballero abandonó la ciudad, pero ya había inflamado el pecho de la bella mora Zaida que, enamorada del cristiano, mandó disecar la cabeza del toro en recuerdo y colocarla en la fachada de su casa (en la actual calle del Toro). Cuentan que cada vez que Zaida suspiraba de amor, el toro mugía…

Parece imposible que esta leyenda fuese cierta pues sabemos que el Cid nunca estuvo en Madrid.



Leyendas Medievales de Madrid


domingo, 5 de marzo de 2017

OTRA LEYENDA EN LA VIRGEN DE ATOCHA


. Era un Cristo de más de tamaño natural. Lo envío a esta iglesia, en el siglo XVI ó XVII, un embajador italiano, agradecido a Nuestra Señora de Atocha por ciertos favores recibidos. Para que el regalo fuese completo y digno de la Reina de los cielos, dispuso aquel fervoroso embajador que la imagen fuera copia fiel del Santo Cristo de Lucca, una población de Italia donde se venera el original en uno de sus más celebrados templos. Y la imagen vino a España ricamente vestida, con una túnica preciosa, un estolón de brocado y calzada en sus dos pies con sendos zapatos de plata. 

Los Cristos españoles, tal vez con excepciones andalu­zas, presentan una casi total desnudez.
Por ello sorprendía y mucho que un Cristo -proceden­te de la ciudad italiana de Lucca y enviado a la iglesia de Atocha en cumplimiento de una promesa-, que se expo­nía a la veneración de los fieles, apareciese con túnica, estolón y unos zapatos de plata.
Había entonces ostentación en los pocos privilegiados y pobreza orgullosa en la mayoría, que tenía diversas manifestaciones. Mendigos honrados o cortabolsos. Va­lentones que se, alquilaban para delitos. Mozas de desga­rro. Obreros de sus habilidades. Escuderos a sueldo del amante: Muchos, de profesión pretendientes.


El protagonista: un soldado maduro que por leguleyos y papeles interminables no lograba cobrar sus diversas pagas atrasadas. Aburrido, con el estómago vacío; fue a rogar protección al Santísimo Cristo de Lucca.
Un pater noster
Unas lágrimas.
-Señor, ¡cubre mi necesidad!
La santa efigie alarga un pie y deja en manos del mili­tar uno de sus zapatos de plata. El soldado, ufano, y junto a una jarra de vino de Arganda, en una taberna, lo mostra­ba a todos los que allí estaban. Fue detenido por la Justic y, al preguntarle la razón de estar en su poder la sagrada prenda, explicó la historia que nadie aceptaba, pero e inculpado, como testigo excepcional, nombró al propio Cristo de Lucca.
¡Sorpresa grande!
Alguien pensó: SACRILEGIO.
Otro musitó: CARADURA.
Hubo consulta con teólogos y, después de muchas idas y venidas, se acordó hacer la extraña diligencia ante la perspectiva de que el reo fuese condenado a la pena ca­pital.
Acudieron a la iglesia de Nuestra Señora de Atocha el soldado, el juez, el escribano, golillas, varios clérigos y muchos curiosos y desocupados.
El preso lloró suplicando angustiado.
Muchas sonrisas desdeñosas entre los asistentes al acto.
Todas las miradas estaban fijas en el Cristo.
-Parece que está moviendo un pie -advirtió alguien.
En efecto.
Estaba levantando la extremidad calzada y dejó caer su otro zapato ante el asombro de todos.
En el indulto real, maquiavélicamente, se aconsejaba al acusado: que en lo sucesivo no admitiera regalos divinos, bajo pena de vida. El milagro transtornó a la Villa; luego, el vulgo lo fue olvidando y el hecho se acogió en el refu­gio legendario y poético.
Después, los frailes colocaron ante el Cristo un copón de plata y, sobre él, el zapato que salvara la vida de un humilde y acrecentara la fe popular.



Viejo Madrid. R. Sepúlveda 


jueves, 2 de marzo de 2017

GAVETAS QUE SE ABREN Y CIERRAN

En el siglo XVI tenía su casa en la calle del Príncipe, que era de las modernas entonces, doña Prudencia Grilo, hija de un rico banquero; frecuentaban la casa los caballeros más distinguidos que habitaban la corte. Todos solicitaban la mano de la opulenta heredera, que tenía fijada su elección en uno, con quien retrasaba la unión por no prescindir de su amor al lujo ni privarse de competir con otras bellezas, a quienes eclipsaba con la belleza de su rostro y el esplendor de su traje. El amante tomo una resolución: Felipe II preparaba su famosa expedición expedición de la armada invencible y se ofreció a marchar con ella. Cuentan que al separarse los dos enamorados el caballero dijo a la dama que le preguntaba cómo tendría noticias suyas:


"Por estos damascos," señalando los que había colgados en la sala, "y si muero, además de ellos, moveré las gavetas de ese escritorio, siendo la última señal descorrer las cortinas de vuestra cama."

Prudencia tomó a chanza aquellas advertencias. A los pocos días había olvidado a su amante y se entregaba a sus acostumbradas distracciones; pero una noche, acababa de acostarse, y apenas se había quedado traspuesta, cuando le pareció que se movían los tapices; se levantó para cerciorarse; quiso volver al lecho y le faltaron las fuerzas; miró involuntariamente a las gavetas del escritorio y también se movieron; quiso dar un grito y no pudo; se dirigió a la cama  y a su llegada se descorrieron las cortinas; entonces cayó desmayada y estuvo enferma mucho tiempo; durante él ya eran públicas en Madrid la pérdida de la armada y la muerte de su amante; se decidió la dama a abandonar el mundo y fundó el convento de Santa Isabel , donde profesó en 1589.


Veinte años después, yendo a visitar el convento la reina Margarita de Austria oyó violines; preguntó a las monjas si tenían música en la casa; le contestaron que era del teatro inmediato, y comprendiendo lo impropio de la situación del convento le trasladó al terreno de una casa confiscada a Antonio Pérez , que había en las afueras, donde hoy se halla la calle a que ha dado nombre el convento.


Fotografía Luis Garcia (Zaqarbal)




Leyendas e Historias de Madrid F. Azorin





miércoles, 1 de marzo de 2017

CALLE DEL ESPÍRITU SANTO

Antiguamente se llamó de la Cruz del Espíritu Santo. En tiempos de Felipe III habitaban aquel sitio gentes de mala vida; el tercer día de Pascua de Espíritu Santo un rayo redujo a cenizas tres o cuatro tiendas de unos moros, y en memoria de este incidente se puso allí una cruz de piedra con una paloma en el centro como de la hazaña del rayo; la cruz se denominó del Espíritu Santo, dando nombre a la calle.


Pasando  Felipe IV una noche acompañado de dos gentiles hombres, cerca de la cruz fueron acometidos por unos hombres de quienes se defendieron con dificultad; el rey fue conducido al Alcázar y los nobles hicieron correr la voz de que el lance habia tenido lugar en una casa de mujeres públicas.


 Al día siguiente se dijo que Felipe IV estaba enfermo de gravedad y se mandaron hacer rogativas en los templos. Los alcaldes prendieron a todos los vecinos del arrabal, siendo ajusticiados cinco en la Plaza Mayor y mutiladas las manos que se pusieron en palos frente a la cruz de piedra. Los reos, para que no sufriera desprestigio la fama del rey, no fueron juzgados por el verdadero delito, sino buscando el pretexto de un intento de robo en la casa del alcalde D. Felipe. La cruz se quitó en 1820.




lunes, 27 de febrero de 2017

UNA MUJER DE TRONIO

Año 1795.
Estamos en un Madrid que orquestaban a trío, con no pocas disonancia: el rey Carlos IV, María Luisa y Manuel Godoy.
El palacio de Villafranca estuvo ocupado, entonces y pro­visionalmente, por los duques de Alba: don José -bas­tante tacaño- y Cayetana con su gracejo y encanto natu­rales.


fotografía de aept

(Tras pasar mediante herencias por distintos miembros de la familia, a la muerte de don Antonio Álvarez de Toledo en el año 1773 será cuando el Palacio alcanzará un gran esplendor tras el matrimonio de su hijo y sucesor don José Álvarez de Toledo con doña María Teresa Cayetana, la famosa Duquesa de Alba retratada por Goya, procediendo a realizar diversas reformas, antes de abandonar esta residencia para trasladarse al nuevo Palacio de Buenavista, en la Plaza de Cibeles.)

Fue una noche muy calurosa de julio.
En un cercano reloj acababan de sonar las dos horas.
Un ciego, en la calle, cantó así:

«Sea verdad o mentira
lo que los ciegos cantamos
no falta quien nos dé oídos
y afloje también los cuartos.»

Salieron al balcón los duques. Él sacó de su bolsillo del faldón derecho de su casaca una bolsa y hurgó en ella con dedos meticulosos.
-¿Por qué tardas tanto? -preguntó Cayetana.
-Busco un real de vellón.
La duquesa, con un golpe de abanico, lanzó la bolsa al aire derramando oro, plata y cobre sobre los guijos de la calzada. El ciego desapareció como alma que lleva el dia­blo. El duque envió al mayordomo a la calle para que se; cerciorase de si había quedado alguna moneda en tierra: ¡Por supuesto que no encontró ni una sola!

Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid