sábado, 12 de noviembre de 2016

CALLE DEL DOCTOR LETAMENDI

De la Plaza del Cordón
A la calle de Segovia

Nos encontrams en un paraje del antiguo Madrid. Esta breve y típica vía, que se desliza entre dos vetustas viviendas señoriales, se llamó antiguamente Costanilla de San Justo, lo cual estaba justificado por la proximidad a la calle y a la iglesia así denominadas, y también calle de Tentetieso, pintoresco nombre, justificado por lo empinado de la cuesta.

En esta calle se hallaba la casa solar de Iván de Vargas, ( hoy totalmente reformada y deformada)a quien sirvió como criado San Isidro Labrador, y hay una leyenda sobre ella que así lo hace saber. Esta histórica residencia madrileña fue un artístico museo reunido por el comprador del edificio, el doctor Forns, que fue a la vez de hombre de ciencia, un pintor de mérito. Y por hallarse unido por lazos familiares con doctor Letamendi influyó para que el nombre de aquel eminente doctor, fuese dado a este rincón tradicional.

D. José de Letamendi nació en Barcelona el año 1828. Famoso en la Medicina por su labor en la clínica, en la cátedra y por la exposición de sus doctrinas en libros y otras manifestaciones, como la pintura y la música.

Fuente : Las calles de Madrid de Pedro de Répide

viernes, 11 de noviembre de 2016

UNA MIRADA AL MADRID DE 1954

Esta vez este gran fotógrafo que fue Horacio Novais  nos lleva de su mano hasta la Plaza de España, para observarla retrocediendo hasta 1954

jueves, 10 de noviembre de 2016

CALLE IMPERIAL

De la Plaza de la Provincia
A la calle de Toledo

Esta es una de las calles del viejo comercio de la Villa, particularmente asignada, asignada, al gremio de droguería, se denomina así porque en ella estaba la casa de D. Alonso de Mendoza, conde de Gomera, en la que se hospedaron los primeros jesuitas que vinieron al colegio Imperial, que, bajo el patronato de la emperatriz doña María, estaba en la calle Toledo, donde están la colegiata y estudios de San Isidro.

En la calle Imperial está el Parque de Bomberos, en la casa que fue almotenazgo de la Villa.

Fuente: Las Calles de Madrid de Pedro de Répide

UNA MIRADA AL MADRID DE 1954

Horacio Novais (Lisboa 1910-1988), nos dejó  estas maravillas, lo que agradecemos los madrileños, por dejárnos ver como era Madrid en 1954

domingo, 6 de noviembre de 2016

MADRID CRECE - I

En 1860 se aprueba por parte del ayuntamiento que aún preside el prolífico duque de Sesto un proyecto de ensanche de Madrid, presentado por el ingeniero Carlos María de Castro. Desde hace algún tiempo viene fraguándose esta iniciativa, ya que la ciudad no cabe dentro de los límites establecidos un par de siglos antes, con la cerca que la contiene y las puertas y portillos que evidencian su estrechez.




Son numerosos los visitantes que han manifestado su extrañeza por el contraste desolador que ofrece la llanura pelada del contorno con el apretujón urbano que se encarama sobre si mismo, como si no pudiera escapar del ahogo, retorciéndose en un laberinto de esquinazos y callejas. El plan Castro prevé el nacimiento de nuevos barrios, la ampliación de otros y la incorporación definitiva de algunos, tal como es el caso de Chamberí.


Chamberí tomó su nombre, según la tradición afirma, de la reina Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, quien solía pasearse por ese entorno que ella encontraba muy parecido a su Chambery natal, allá en Saboya. Antes, pues, del siglo XVIII existían por allí quintas, tejares y alquerías que terminaron por formar un pueblecito algo distante de la capital. Los llamados
" campos del tío Mereje", sobre cuya superficie yerma se levantaría posteriormente la calle de Luchana (que hoy conserva celosamente el monumento a los cuatro saineteros, Ramón de la Cruz y Ricardo de la Vega, letristas, Chueca y Barbieri, músicos), hacían frontera con la Puerta de los Pozos de la Nieve -glorieta de Bilbao-, donde concluía el camino de Fuencarral. " Madrid
termina donde empieza Chamberí",
decían por entonces con orgullo patriochico los habitantes del minúsculo pueblito, que ya apuntaba cierto desgarro muy propio y llevado en determinados casos hasta la exageración. Y también un localismo acentuado, tal que que ese saber cuál es más chulo si el natural de Chamberí "por Fuencarral" o el natural de Chamberí "por Hortaleza". El lugar se llenó pronto de ventorros, puesto que las gentes madrileñas acudían los domingos del verano a refrescarse, dada la relativa altitud y lo despiblado que en general estaba.

                                                         "Si me pierdo y no me encuentran
                                                           no me busquen en Madrid
                                                           que me busquen el domingo
                                                            por la tarde en Chamberí"
El ensanche de Castro dará origen a nuevos barrios, como estaba previsto. Pero eso será en otro momento.





viernes, 4 de noviembre de 2016

BRETON DE LOS HERREROS Y EL DOCTOR MATA

Bretón de los Herreros (1796-1873), vivía en la misma casa que el doctor Mata (1811-1877). Pues bien, parece ser que el galeno no admitía de muy buen grado la popularidad de su vecino y a cada idem que llamaba a su puerta preguntando por el ilustre comediógrafo le despachaba al instante con cajas destempladas. Hasta que un día, harto ya el doctor Mata de tanto equívoco en la ubicación de cada vivienda, colocó delante de la suya este donoso cartel:

                                                         " En aquesta habitación no vive ningún Bretón"

Versitos a mí, debió decirse Bretón de los Herreros. Y colocó otro en la escalera que decía:

                                                        " En aquesta vecindad, vive un médico poeta
                                                          que al pie de cada receta
                                                          pone Mata,
                                                          y es verdad ".
                            


jueves, 3 de noviembre de 2016

MADRID AÑOS 20

Una pequeña muestra de ese gran fotógrafo Alfonso Sánchez García"Alfonso", nacido en Ciudad Real el 21 de febrero de 1880 y fallecido en Madrid el 13 de febrero de 1953

La Chelito vendiendo pavos año 1910
Taller de plancha en 1925
Empeñando en el Monte de Piedad año 1925
Lavaderos de la calle de Galileo año 1926
La pobreza, niños de Tetuán de las Victorias año 1925
Violinista callejero año 1925
Pianista con niña año 1926
Verdulero bajo la lluvia año 1925
El Puente de Vallecas en 1925

miércoles, 2 de noviembre de 2016

COSAS DE ESTA VILLA 1865

La noche del diez de abril de 1865 fue una de las más tristes y sangrientas que puede recordar Madrid. Un traspiés más del gobierno le daría origen

ORIGEN

Con objeto de cubrir el déficit público ( ay, siempre igual ) se le sugirió a la reina que cediese bienes del patrimonio real para su venta. Esta se efectuó y la reina entregó al Estado el importe obtenido menos un veinticinco por ciento que se reservaba para sí en concepto de compensación. Algunas voces laudatorias airearon el a su juicio comportamiento altruista y generoso

Hasta que tronó la voz de la razón y lo hizo mediante un famoso artículo de Emilio Castelar, titulado " El rasgo ". Castelar que era catedrático de Historia en la universidad, dirigía el periódico " La Democrracia", pero para evitar mayores males decidió publicarlo en el de su colega Pi y Margall " La Discusión". Defendía Castelar en su alegato escrito que los bienes del patrimonio real no eran de propiedad particular de nadie, ni siquiera de los reyes, sino que pertenecía por entero a la nación, a todos los españoles. "El rasgo", pues, dicho con el tono más acerbo e irónico, se convertía en fraude al embolsarse la reina un veinticinco por ciento de algo que en verdad no le pertenecía.

REACCIÓN Y CONSECUENCIAS

El revuelo fue enorme. El ministro de Educación, Alcalá Galiano, hijo del famoso marino muerto heroicamente en la batalla de Trafalgar, abrió expediente disciplinario a Castelar y ordenó al rector de la universidad que procediese a su destitución fulminante.  Se negó a ello el rector y también fue destituido. Los estudiantes universitarios organizaron entonces una serenata en desagravio de su rector, pero no les sería autorizada. El gobierno iba de mal en peor, dando tumbos. Al día siguiente tomaba posesión un nuevo rector, el marqués de Zafra, en medio de una impresionante manifestación callejera. El ministro de la Gobernación, González Brabo, envió a la guardia civil, que era todo el trozo comprendido entre la calle de San Bernardo y la Puerta del Sol. Al anochecer como los grupos no se dispersaban sino que, por el contrario, habían aumentado y sus gritos e imprecaciones eran cada vez más hostiles, se dio la orden de carga. Aquello fue un espectáculo terrible (Ver los Episodios Nacionales de Pérez Galdós). Los estudiantes acosados por los guardias, se refugiaron en el café-teatro La Infantil de la calle Carretas, pero incluso allí fueron apaleados brutalmente y sacados arrastras a la acera. El colofón igualmente trágico lo puso el ministro Alcalá Galiano, que murió de un ataque cerebral al conocer la noticia.




domingo, 30 de octubre de 2016

COSAS DE MADRID

El veinticuatro de junio de 1858, festividad de San Juan, un surtidor de gran altura, colocado sobre una fuente en la calle de San Bernardo, frente al monasterio de Monterrat, significaba el primer servicio de agua corriente en la capital de España. 


Procedía del depósito situado en el antiguo Campo de Guardias, que desde entonces airea su decorativa silueta en el mismo lugar.


 La reina y sus ministros, junto con el alcalde de Madrid, que era  por entonces el duque de Sesto, asistieron a la inauguración. Mezclado con el público el hombre gracias a cuyo esfuerzo el proyecto de traer hasta la ciudad las aguas del canal de Lozoya era una tangible realidad. Bravo Murillo, caído en desgracia por una de esas ingratitudes políticas tan frecuentes. Menos mal que la posteridad pondría las cosas en su sitio y la calle que lleva el nombre de este extremeño ilustre ( nació en Fregenal de la Sierra. provincia de Badajoz ) acoge en sus comienzos las instalaciones del Canal de Isabel II, con sus dos primitivos depósitos como estandartes de tan beneficiosa actividad. A este trozo de calle se le llamó tiempos atrás "Mala de Francia" y ello se debía al vicio tan característico del pueblo madrileño que consiste, ni más ni menos, que en hablar de oído, es una corrupción de malle, que en francés quiere decir maleta o valija de correo. Fue, en denominación de sus contemporáneos, " camino del correo de Francia".



La traida de aguas del Lozoya resolvería un grave problema para Madrid, puesto que como en todas la épocas precedentes la capital venía suministrándose de los muy rudimentarios " viajes " musulmanes, casi agotados en esa fecha por el exceso de población. Se acababa la escasez del líquido preciado, aunque surgía inmediatamente otro trastorno social, el del millar más o menos de aguadores que iban directamente al paro. También salía ganando la ciudad en cuanto a higiene personal y limpieza urbana, pues como dijera el propio Bravo Murillo el día de la inauguración : "Ahora nos podemos lavar casi todos". Porque hay que ponerse  en la piel - sucia, claro - de esas personas que no disponían de un servicio de agua fluido y suficiente. Hay que tenerle mucha afición al aseo personal para lavarse diariamente y no cuando ya no queda otro remedio y el individuo en cuestión observa como, a su sola presencia, las narices de los demás cambian vertiginosamente de rumbo.



Al duque de Sesto le había venido de rebote el acontecimiento, pero supo aprovecharlo trazando una amplia red de alcantarillado que cubría la mayor parte de Madrid. Otro efecto secundario consistió en la instalación de urinarios públicos, moda muy a la francesa que el alcalde aristócrata importaría de sus frecuentes viajes al Paris civilizado. " Columnas mingitorias ", en definición popular por su forma ampulosa. Bien se ve que las gentes de Madrid habían comenzado ya a expresarse de esa manera campanuda, entre solemne y grotesca, que nos ha hecho célebres. Aunque expresiones aparte, el coste de un servicio tan liviano, donde además el material corre por cuenta del usuario se les antojó excesivo a esas buenas gentes de Madrid . "¿ Diez reales por mear? / caramba, que caro es esto / ¿cuanto cobra por cagar el señor duque de Sesto?



¡¡¡COSAS DE ESTE MADRID DE MIS AMORES!!!






sábado, 29 de octubre de 2016

CALLE DEL CARNERO

Va de la Ribera de Curtidores a la calle de la Arganzuela.

Primitivamente fue llamada calle Nueva, y en el Plano de Texeira aparece ya con el nombre actual; pero arrancando del cerrillo del Rastro. El nombre de esta calle tienes dos tradiciones. Una, la de que se llama del Carnero porque allí se rifaba uno todos los años por los aforadores para la fiesta de San Lorenzo. Otra, relacionada con la de la calle de la Cabeza, y es la de la gente, horrorizada por haberse convertido en la cabeza del sacerdote asesinado aquella de carnero comprada en el Rastro, dejó de ir a comprar a este sitio, por lo que los vendedores pidieron a la Villa que se les cambiase de lugar, designándoseles esta calle, que, por dedicarse a la venta de esta clase de carne, tomó la denominación que todavía lleva.

(Las calles de Madrid de Pedro de Repide)


jueves, 27 de octubre de 2016

CALLE DEL OSO

De la calle Mesón de Paredes a la de Embajadores.

Es una estrecha vía en la que había alguna sórdida mansión, célebre en los anales del hampa madrileña. En una humilde vivienda de esta calle murió el famoso actor José Mata, uno de los mejores de la escena española en el último cuarto de siglo del siglo XIX.

También estuvo aquí la casa rectoral de San Cayetano, fundada por don Diego de Vera. En la casa donde vivía este hidalgo, había sobre la puerta un escudo cuyo blasón era un oso, como en la armas del Concejo de la Villa, y a esa figura heráldica se debe la denominación de la calle.

Don Diego de Vera fue anteriormente fundador de un oratorio dedicado a San Marcos Evangelista, en el que puso una imagen llamada de Nuestra Señora del Favor. Nombre que se atribuye al episodio de la milagrosa salvación de unos niños que penetraron en la jaula donde cierto ambulante extranjero guardaba y exhibía un oso, que por intervención sobrenatural no hizo daño alguno a sus inocentes visitantes.

(Del libro Las calles de Madrid de Pedro de Répide)

UN FAETÓN ESPERA

Estamos en la plaza de Santo Domingo junto a ella, se halla la cuesta del mismo nombre. En una de sus casas y, a finales del siglo XIX, un hecho interesante.

Un coche regio aguarda a la puerta del inmueble, que hasta entonces ha sido habitado por Elena Sanz, bella y excelente soprano que durante los últimos años ha triunfado clamorosamente en el cercano teatro Real, cantando Aída, Lucrecia, El Trovador, pero sobre todo La Favorita. Favorita fue y sigue siéndolo, aunque menos del corazón del enamoradizo Alfonso XII. En el pescante se encuentra el cochero y, al lado del faetón, un hombre con aire inconfundible de ser un policía. La niebla semioculta a los que ya bajan y entran en el coche; son dos mujeres - la actriz y su doncella y una personalidad política muy destacada durante la Restauración, quien ordena al cochero: "¡ En marcha !". El polizonte saluda y, con paso apresurado, se dirige a Palacio para comunicar lacónico a la reina María Cristina: " Se cumplió la orden de Su Majestad ".

Al pasar el coche por el regio lugar, Elena - en éste su traslado a un exilio forzoso y definitivo - contempla la mole de la real mansión, mientras recuerda su niñez en el colegio de la Niñas de Leganés - situado en uno de los puntos urbanos del final de la Gran Vía - la protección que le dispensó Isabel II, permitiéndole seguir estudios musicales en el extranjero; el primer encuentro con el entonces príncipe Alfonso, en una sala destartalada del colegio teresiano de Viena con ocasión de llevarle un encargo de la reina destronada; el teatro Real, donde unos gemelos, en sus últimas actuaciones en el mismo escenario, también fijos en ella; los sostenían las manos de una mujer celosa: la reina doña María Cristina; por último, sólo hace unas horas, la orden de expulsión de España, dada oficialmente por el ser que más quiere en el mundo.

El látigo restalla fuerte sobre el soberbio tronco de caballos y el coche se pierde por el camino de Francia.

(Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid )

Foto 1.- La actriz Elena Sanz

Foto 2.- El Rey Alfonso XII



domingo, 23 de octubre de 2016

LA DEFENSORA DEL ALCAZAR

Estamos en 1520, la época en la que los Comuneros de Castilla se levanta contra el poder de Carlos I de España.

El corregidor de Madrid es Francisco de Vargas, aquél al que los reyes le consultaban cualquier tema desconocido para ellos y cuya frase se hizo famosa “Averigüalo Vargas“, aquel que provocó el motín del pan.


A Francisco de Vargas se le había encomendado la defensa del Alcazar. Un día tuvo que viajar hasta Alcalá de Henares, con el fin de conseguir socorro para poder defender la fortaleza. María Lago, su esposa, se quedó al mando de la resistencia.


Los comuneros, capitaneados por el bachiller Gregorio Castillo y Juan Negrete, de la colación de San Gines, ayudados por el pueblo madrileño, minaron el Alcázar por cuatro partes y para evitar ser repelidos, llevaban en la primera línea a hijos y familiares de los soldados que defendían la fortaleza. Cuando los comuneros pidieron a doña María que rindiera la plaza,
” porque una mujer no podía defender una fortaleza “, ésta, con bravura respondió: “Donde yo esté no ha de hacer falta alcaide “.Siguó resitiendo el asedio, aunque el Alcazar terminó cayendo. Los asaltantes se repartieron todas las armas que estaban custodiadas, 1600 lanzas, 2.500 picas y 2.000 armas de fuego respetando, el único desmán que cometieron fue el echar los muebles del corregidor acallebles, respetando la vida dela mujer.

Más tarde, Carlos I confirió a María Lago el mando honorífico del Alcazar de Madrid



Historia de Madrid: Federico Bravo Morata




sábado, 22 de octubre de 2016

PLAZA DE HERRADORES

Entre las calles de San Felipe Neri, de las Fuentes y de las Hileras, Plaza del Comandante de las Morenas y Costanilla de Santiago.

Lleva ese nombre desde principios del siglo XVII por los bancos de los herradores, que eran colocados en medio de la plaza, hasta que el Concejo los mandó quitar por las muchas molestias que ocasionaba la aglomeración de las caballerias. También era, como la plaza de Santa Cruz, lugar donde se situaban los criados y lacayos sin trabajo para que les fueran a buscar quienes necesitasen de ellos.

Era asímismo este paraje punto para las sillas de mano que se alquilaban, y aún no se limitaba el alquiler a esto,  sino que las damas callejeras que lo habían menester para autorizar sus paseos y sus enredos podían poveerse igualmente en esta plaza de tías, hermanos, primos y maridos, a tanto la hora, o a un precio más arreglado si se les tomaba por temporada.

Vélez de Guevara, en "El Diablo Cojuelo", alude a esta práctica que nos revela tan pintorescas intimidades de la vida cortesana en tiempo de los Austrias, época cuya austeridad no era a veces ni aparente siquiera; y Tirso de Molina, en su comedia. " Por el sótano y el torno ", pone en boca del criado Santillana, que teme ser despedido por doña Bernarda, aquellos versos que dicen:

                                                                 " ¡ Miren, porque la doy luz
                                                                  De amantes embustidores !
                                                                  Plazuela habrá de Herradores
                                                                  Y puerta de Santa Cruz.
                                                                  No me han de faltar dos reales
                                                                  Y señoras de alquiler ".

La estructura de esta plaza no ha sufrido desde el siglo XVII más variaciones que la apertura primero del pasaje, de la horrible salida del aparcamiento y luego de la calle de San Felipe Neri, donde se hallaba este convento que daba a la calle Mayor. Hubo también en la plazuela de Herradores un mercado, que duró hasta mediados del siglo XIX.

( Pedro de Repide. Las calles de Madrid).

LA CALLE DE LA ESPADA

De la Plaza de Tirso de Molina
A la calle de la Esgrima

Aquí habia antiguamente un camino estrecho entre el calvario de la Villa y los olivares, que comenzaba poco más arriba de la ermita de San Millán, llegando hasta el arroyo de Atocha. Después en la casa que llamaban del Inquisidor, había un corralón que alquiló un maestro de esgrima, y para llamar la atención de público, y como anuncio de su arte, colgó de una cadena junto a la puerta una enorme espada, que según él, había pertenecido a un par de Francia, y acerca de la cual contaba anécdotas fabulosas.

Allí era donde asistía Félix Lope de Vega Carpio a instruirse en el manejo de las armas con su hermano, que pereció en el desastre de la Armada Invencible.

Finalmente el dueño de la casa despidió del corralón al maestro, porque iba a demoler la finca para alzarla de nuevo, y por adeudarle algunos alquileres, se quedó con la vetusta espada. Pero habiéndose promovido litigio con los frailes de la Merced sobre la medianería de la casa inmediata, quedó el corralón a medio derribar y la espada colgada allí mucho tiempo, dando nombre al corral y por extensión a la calle.

En cuanto a la espada, acabó siendo adquirida por D. Antonio de Silva y Toledo, duque de Alba, quien gustó de poseerla por el mérito arqueológico que pudiera poseer, y la hizo colocar en su armería.

En la calle de la Espada aconteció a finales del siglo XVIII más dramático por sus consecuencias que por el hecho mismo. Fue el robo y tentativa de asesinato cometido en una tienda que regentaba una mujer, quien quedó gravísimamente herida y a punto casi de morir. Se salvó, abandonó Madrid y el Destino hizo que años después se casara con el mismo que en la oscuridad de un atardecer quiso matarla y robarla.

Aquel hombre, que había sido el majo más temido entre la manolería, se había redimido de su pasada vida y, poseedor de alguna fortuna, ganada con honrado esfuerzo en América, había acertado a contraer matrimonio en un pueblo de Cataluña con la que fue su víctima, sin que ni él ni ella se reconocieran en el recuerdo de aquel acontecimiento hasta que una desdichada fatalidad vino a hacerlo, rompiendo su unión, que había sido venturosa.

( Las calles de Madrid - Pedro de Repide )