viernes, 9 de diciembre de 2016

GANÓ A LA ABUELA EN TODO

El rey Alfonso XIII, fue un muy digno sucesor de su abuela Isabel II, tan glotona y golfona que muchos aventuraron que con ella se rompería el molde de la afición obsesiva por los placeres de boca, fueran estos satisfechos en la mesa o en lecho. Se equivocaban de medio a medio, porque el nietecito, superado el interregno de un padre inapetente y una madre de acrisolada virtud bajoventral, tomo la antorcha con fuerza para seguir dejando muy alto el listón de la tragonería bucal y genital, lo que para un Borbón no ha sido nunca asunto baladí.



Alfonso XIII

En su calidad de póstumo y heredero a la corona, Alfonsito empezó a acompañar a su madre regente, Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, a los consejos de ministros cuando solo sumaba tres años. Cada día, el niño Alfonso desayunaba cuatro huevos pasados por agua, doce bizcochos, y un plato caliente a elegir o alternar pollo asado, dos chuletas de ternera, un buen filete de vaca, seis chuletas de cordero, dos tournedós o dos escalopes de ternera. En todos los caso y sin excepción, acompañados de una generosa ración de patatas fritas. La merendilla no le iba a la zaga: una taza de consomé, una tortilla de diez huevos con patatas, pollo asado, seis lonchas de jamón serrano; ocho filetitos de lengua de ternera y doce rodajas de solomillo. Con eso se iba sosteniendo hasta las horas de comida y cena. Además y por lo que nos dejó escrito en sus Memorias, una de sus tías, Eulalia o más exactamente María Eulalia Francisca de Asís Margarita Roberta Isabel Francisca de Paula Cristina María de la Piedad de Borbón, el que luego se mostraría como un tirano en los lechos de nobles, plepeyas, izas, rabizas, colipoterras y artistas de distintas variedades, empezó a practicar despotismos dictatoriales en la mesa palaciega. A la mesa era un castizo de pies a cabeza y ponía por delante de cualquier cosa un buen cocido a la madrileña, como la yaya, pero también le entraba a los platillos franceses que se habían puesto en boga en todas las cortes europeas. En cambio, su esposa, Victoria Eugenia de Battemberg, era muy británica en sus gustos y no solía pasara del neutral roast beef y las pastas del té que en lugar de a las five o clock tomaba a las tres, por el aquel de cambio de horarios. Claro que en cuanto a disensiones matrimoniales, la gastronómica siempre fue la de menor importancia. Donde se cortó la verdadera tela fue en los placeres de Venus, que Alfonso disfrutó con su esposa lo justo y necesario para asegurar la descendencia borbónica, esta vez trufada de hemofilia heredada en origen de la reina Victoria.

Alfonso XIII siempre hizo gala de señoritismo castizo en cliché borbónico, traducido esto en, como ya se ha dicho, afición a la buena mesa, a los automóviles de alta gama, a la hípica y otros deportes de elite, a la caza y a las mujeres. Coleccionó decenas de amantes de toda condición, tal que niñeras palaciegas, cantantes, y cupletistas, entre las que incluyó a la Bella Otero y a la actriz Carmen Ruiz de Moragas, con quien tuvo dos hijos bastardos. A muchas de ellas se las benefició en las mismas dependencias de Palacio, a escasa distancia de la alcoba de su esposa y en la soledad de sus aposentos disfrutó del más explícito cine porno, que entonces se llamaba sicalíptico, rodado a su gusto y medida. Parece que fue Álvaro de Figueroa y Torres, primer conde de Romanones, a la sazón Presidente del Consejo de Ministros, quien personalmente encargó a los hermanos Baños, propietarios de la productora barcelonesa Royal Films, la producción de al menos tres películas, fechadas entre 1919 y 1923, cuyos originales se conservan actualmente en los archivos de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana: “El confesor”, “Consultorio de señoras” y “El ministro”, y en las que el sexo oral ocupa lugar de grande protagonismo.

CONFESOR


Ricardo de Baños (1882-1939) se inició como productor en la barcelonesa Hispano Filmes, mientras que su hermano Ramón (1890-1986) aprendía a utilizar la cámara y empezaba a hacer su primeras películas documentales, cuyo éxito le llevó primero a Brasil y luego a viajar por toda Sudamérica, donde realizó importantes documentales, especialmente para los sectores industrial y turístico. Entretanto, Ricardo se había independizado para montar su propia productora, Royal Films, en 1914, a la que se incorporó como socio su hermano, a la vuelta de la aventura americana. En ella se produjeron dos de los hitos españoles del cine mudo: “Cristóbal Colón”, en 1916, en coproducción con la francesa Films Cinématographiques, y con el presupuesto inconcebible para la época de más de un millón de pesetas; y “Don Juan Tenorio”, en 1922, producción cien por cien de Royal Films, que fue un éxito sonado. En ese contexto de triunfo profesional, los hermanos reciben el encargo real por parte del Conde de Romanones y se ponen manos a la obra con la cinta que llevaría por título “El Confesor”. Lo curioso, o quizá no tanto, es que en las tres películas el rey sugirió que hubiera cierta abundancia de gastronomía sexual, otrosí sexo oral.

La película, según Barroso: “… muy bien dirigida, con encuadres generosos, de composición más que correcta y con una gran variación de planos que demuestra la cariñosa dedicación por parte del director”, se inicia con imágenes de la oronda asistenta que limpia la sacristía, cuando el sacerdote hace su entrada y empieza un jugueteo erótico con ella. Le estruja los pechos lascivamente y la besuquea, pero la situación no va a más y el plano cambia a otra situación en la que el religioso recibe a una dama distinguida con la que inmediatamente y sin mayor trámite se inicia una relación sexual explícita, con caída de ropas y besos apasionados del cura en las inmensas nalgas de la devota, que esta corresponde con una apasionada felación, a la que sigue un sesenta y nueve, tras lo cual la pareja se da un respiro para tomarse en el diván un aperitivo de vino de consagrar con unas pastitas de té. En la segunda parte de la cinta una joven bastante atractiva confiesa con el sacerdote y a continuación él le impone la correspondiente penitencia, que deviene en un desnudo integral de la feligresa, seguido de un bailecito provocador con las manos en la nuca que el religioso aprovecha para realizarle un cunilingus mientras ella no cesa en el contoneo. En esto aparece en escena el sacristán, pero la pareja, lejos de cohibirse, renueva sus afanes amatorios para el voyeur con todas las imaginables variantes de masturbación mutua, felación, postura del misionero, a cuatro patas, y un final de tiernos besos mientras yacen tumbados boca arriba.

CONSULTORIO DE SEÑORAS


La segunda de las cintas que los hermanos Baños realizan para el monarca español es “Consultorio de señoras”, tiene una duración de 41 minutos y está fechada en 1923, el año en el que, con la aquiescencia y quizá algo más de don Alfonso, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio el golpe de Estado que precedió a la dictadura que se prolongaría hasta la dimisión del general, el 28 de enero de 1930, y su sustitución por la llamada “Dictablanda” del general Dámaso Berenguer. La trama de la película se centra en la consulta de un ginecólogo donde las escenas de sexo más que explícito y las situaciones orgiásticas incumben al protagonista, su libidinosa esposa, el mayordomo, y la criada, que representa la misma actriz protagonista de “El confesor”. Aquí es una dama de alcurnia con la que se refocila el sacerdote, aunque en la segunda parte de la cinta pasa a ocupar lugar de protagonismo una pareja formada por una jovencita que acude a la consulta con su madre, y que al poco se convierte en un trío con el doctor, en el que se desencadenan felaciones y cunilingus va

EL MINISTRO


La tercera y última de las películas de las que se tiene constancia encargó Alfonso XIII para su personal consumo es “El ministro”, de 21 minutos de duración y realizada el mismo año que la anterior. Su especial interés radica en una trama que parece diseñada a la medida del gusto temático del que realiza el encargo. La historia comienza cuando quien parece ser un importante hombre de negocios recibe una carta que anuncia su ruina, lo que le impulsa a extraer un revolver del cajón de la mesa de su despacho con el que parece dispuesto a poner fin a su vida. En esto aparece la esposa que le disuade, convenciéndole de que la situación puede reconducirse si el ministro responsable accede a ello; gestión que ella se ofrece a realizar y que en la segunda parte de la cinta se convertirá en la consecución del favor ministerial tras una larga sesión de sexo entre el político y la esposa, seguida de una escena en la que el marido, lacerado por la idea de que su mujer le haya conseguido la prebenda a cambio de esos favores, le exige un juramento formal de fidelidad marital que ella realiza sin el menor esfuerzo y que él acoge complacido.



Todo un ejemplo.

Fuente: Historias de la Historia.






jueves, 8 de diciembre de 2016

LA OTRA REINA

Nace en Aranjuez el 13 de mayo de 1822. Era hijo del infante de España, Francisco de Paula de Borbón (hijo de Carlos IV), y de Luisa Carlota de Borbón Dos Sicilias, que era hija de Francisco I de las Dos Sicilias.


 MATRIMONIO CON ISABELII

Se celebró el diez de octubre de 1846, en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid. En dicha ceremonia también se produjo el matrimonio de la Infanta Luisa Fernanda con Antonio de Orleans, duque de Montpensier.

Los festejos de la boda duraron quince días y rápidamente la personalidad del nuevo Rey consorte dio lugar a numerosas coplas populares.

A Francisco de Asís al casarse se le dio como consorte los títulos de Rey y de Majestad. Tenía el rango militar de Capitán General del ejército.


Francisco de Asís rápidamente llamó la atención por su marcada homosexualidad, mientras que Isabel II demostraba una gran vehemencia sexual. El rey consorte sería apodado “doña Paquita”, lo cual provocó una gran chanza y la publicación de muchas revistas y gacetas. Se decía:

“Gran problema es en la Corte

Averiguar si el consorte

Cuando acude al escusado

Mea de pie o mea sentado”

Francisco de Asís tenía una malformación de la uretra, es decir, padecía de hipospadía. No tenía el orificio de salida en el glande, sino en el tronco del pene, y eso le impedía orinar de pie.
Poco después del enlace Francisco de Asís conocería a Antonio Ramos Meneses, un guapo galán con quien mantendría una larga y discreta relación.

Frente a la evidente promiscuidad de Isabel II, su esposo mostró mucha mayor fidelidad en sus amoríos. De hecho sólo se le llegó a conocer un amante oficial a lo largo de su vida.
Pero el amor que Francisco de Asís sentía por su amante y compañero iba más allá del dinero. Justo antes de que estallara la revolución Gloriosa, el verano de 1868 consiguió de Isabel II, aún reina, que convirtiera a Meneses en Duque de Baños, con grandeza de España de primera clase, título que fue confirmado por Alfonso XII en 1875. Por si esto no fuera suficiente, en 1884 chantajeó a su reina y esposa una vez más, consiguiendo que el papa Pio IX otorgara a su adorado compañero la Gran Cruz de la Orden de Cristo.


PARA SABER MÁS:

Carlos Fisas, Historia de las Reinas de España. Vol. 2: La Casa de Borbón. Barcelona, Planeta, 1990.

José Luis Comellas, Isabel II. Una reina y su reinado. Barcelona, Ariel, 1999.

Juan G. Atienza, Isabel II: la reina caprichosa. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

Josep Carles Clemente, El pecado original de la Familia Real Española. Barcelona, Styria, 2007.

José María Zavala, Bastardos y borbones. Barcelona, Plaza & Janés, 2011.





lunes, 5 de diciembre de 2016

MIL AMORES REALES

Isabel nació, el diez de octubre de 1830, en Madrid. Su padre era Fernando VII y su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que era la cuarta esposa del rey y  además era su sobrina carnal. Sube al trono cuando todavía no había cumplido los tres años.


Como no tenía Isabel II edad para reinar, fue nombrada como regente su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias que duró desde 1833 a 1843.

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, a los dos meses de quedarse viuda y siendo ya regente en nombre de su hija tuvo un nuevo amante, Fernando Muñoz, que era capitán de la guardia real, dos años más joven que la regente. A pesar de todos los intentos de ocultarla fue en vano, pues cada año quedaba embarazada, lo que delataba ante la población una situación difícilmente justificable cuando seguía siendo viuda.
La Regente María Cristina no se preocupó de la preparación educativa y política de su hija para el desempeño de tal alto cargo. Exclusivamente se dedicó a su nuevo amante. Isabel II careció de un ambiente familiar y de la afectividad de su madre, a todo ello hay que unirle la ausencia de una educación adecuada y de una preparación política para una persona destinada a ser Reina de España.

De esta época podemos valorar la descripción que hace el conde de Romanones de Isabel II

“A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran lo juguetes y los perritos. Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y todas esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida”.

A pesar de su niñez difícil, Isabel era una chica vivaracha y despierta, poco dada a intelectualidades. Su carácter jovial, unido a su pasión por los placeres carnales, le hizo pasar por mujer de bandera y hasta ninfómana.

El preceptor mayor era Agustín Arguelles, su profesor general José Vicente Ventosa, su maestro de música, Francisco Frontela, también llamado Valldemosa y también formaba parte de los preceptores  Salustiano Olózaga, hombre que destacaba por su gran preparación jurídica. Isabel recibió una educación basada en la formación doméstica, en la religión y el estudio del piano. Despojada de cualquier estudio humanístico y político.

Estos preceptores están en el inicio de las habilidades sexuales de Isabel II. José Vicente Ventosa fue expulsado de palacio por razones graves. Francisco Frontela, se le conocía como el amante de la reina y ésta le concedió la Cruz de Carlos III.
Salustiano Olózaga fue el encargado de desflorarla y de iniciarla en los principios amorosos. Entre unos amantes y otros, entre novios y fiestas discurría la vida de Isabel II de España.

El ocho de noviembre de 1843, Isabel II es declarada mayor de edad con trece años. El primer problema que debe afrontar es del matrimonio. Fue una mujer muy independiente que quería casarse por amor,sin embargo la prometieron a su primo, Francisco de Asís.

Al conocer el nombre de su futuro marido, Isabel II se negó diciendo ¡No, con Paquita, no! Pero su madre María Cristina y una monja oscura, que estará presente en toda su vida, sor Patrocinio,” la Monja de las LLagas “ le presionaron para que aceptara.

Así el día antes del matrimonio Isabel II dijo a su madre: “He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.

Su noche de boda fue un fracaso. Es conocido el comentario que hace Isabel II al diplomático León y Castillo “que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía”.

El primer amante oficial fue el general Serrano a quien Isabel II le calificaba “el general bonito”, y producía un auténtico escándalo porque la reina lo perseguía por todos los cuarteles de Madrid. Llegó a tal nivel el escándalo, que el gobierno decidió trasladarlo fuera de Madrid.

Otros amantes reconocidos son el cantante José Mirall, cuya voz entusiasmaba a la reina. El conocido compositor Emiliano Arrieta, el coronel Gándara, también Manuel Lorenzo de Acuña, marqués de Bedma. Destaca el capitán José María Arana, conocido como ”el pollo Arana”, en esta relación hay una anécdota, que su marido Francisco de Asís, un día le dijo a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Lo ascendió a coronel y le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando. Fruto de esa relación nació la infanta Isabel, que sería llamada popularmente la Araneja y también la Chata.

Fruto de estas relaciones tuvo los siguientes hijos:

– El 20 de mayo de 1849 da a luz un varón fallecido en el parto, hijo del marqués de Bedmar.

– El 12 de julio de 1850 dio a luz un nuevo varón que falleció a los cinco minutos de nacer, enterrado en el Panteón de príncipes de El Escorial y que probablemente fuera hijo del rey consorte Francisco de Asís de Borbón.

– El 20 de diciembre de 1851, dio a luz a la infanta María Isabel Francisca de Asís, popularmente conocida como la Chata, princesa de Asturias, hasta el nacimiento de Alfonso XII, hija del capitán José Ruiz Arana.

– El 5 de enero de 1854, nace la infanta María cristina, muerta al poco de nacer y que fue enterrada en el Panteón de El Escorial, de padre desconocido.

– El 24 de noviembre de 1855, tuvo un aborto avanzado, tras haberse publicado en la Gaceta de Madrid el embarazo real, de padre no conocido.

– El 20 de junio de 1856, hay un nuevo aborto de padre no conocido.

– El 28 de noviembre de 1857; Alfonso, príncipe de Asturias y más tarde rey de España, era hijo del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó. A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la Reina pregunto al médico que la atendía Tomás Eustaquio del Corral y Oña, si la criatura sería varón o hembra. Le contestó “Varón”, por ello y en señal de agradecimiento le nombró marqués del Real Acierto.

– El 26 de diciembre de 1859, da a luz a la infanta Concepción, muerta a los veintiún meses,

– En el año 1861 tuvo a María del Pilar Berenguela fallecida a los dieciocho años.

– En el año 1862 tuvo a María de la Paz de Borbón y Borbón, que fue casada con Luis Fernando de Baviera.

– En el año 1864 tuvo a María Eulalia de Borbón y Borbón, duquesa de Galliera, fue casada con Antonio de Orleans y Borbón.

– En el año 1866 nació Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, fallecido a las pocas semanas de nacer.

Y finalmente pasó lo que tenía que pasar…

“Todo fue precoz: huérfana de padre a los tres años, alejada de su madre a los diez, reina a los trece, casada a los dieciséis y derrocada a los treinta y ocho.”

PARA SABER MÁS:

Carlos Fisas, Historia de las Reinas de España. Vol. 2: La Casa de Borbón. Barcelona, Planeta, 1990.

José Luis Comellas, Isabel II. Una reina y su reinado. Barcelona, Ariel, 1999.

Juan G. Atienza, Isabel II: la reina caprichosa. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

Josep Carles Clemente, El pecado original de la Familia Real Española. Barcelona, Styria, 2007.

José María Zavala, Bastardos y borbones. Barcelona, Plaza & Janés, 2011.













martes, 29 de noviembre de 2016

SOMBRAS EN LAS DESCALZAS REALES

A espaldas de la Gran Vía – ruido y escayola hoy – se halla la encantadora plaza de las Descalzas Reales, con su famoso monasterio, pedernal, ladrillo, casi silencio y el pasado con una presencia que resulta obsesionante.

No es mi intención realizar una descripción más o menos detallada, de esta joya tan poco visitada, pero si –  como siempre que pasamos por este lugar – la de evocar algunas figuras femeninas que vivieron entre sus clautros.

– La princesa doña Juana de Austria quí nació y fue bautizada – en el entonces palacio del tesorero del Emperador, don Alonso Gutiérrez -, reinó en Portugal y al morir su hijo don Sebastián en la descabellada aventura africana, regresó a Madrid, fundó este palacio-monasterio, donde vivió sus últimos años y donde dispuso que reposaran sus restos mortales.

– La archiduquesa Margarita de Austria, que dió calabazas al monarca de dos mundos para desposarse con un pobre crucificado.

Sor Margarita de la Cruz

– Sor Margarita de la Cruz, hija ilegítima de don Juan José de Austria, bastardo de Felipe IV  nacido de su relación con la actriz María Calderón ” La Calderona”,  y de la hija del pintor Ribera “El Españoleto”, quién a partir de la deshonra de su hija, aclaró su paleta, metiendo luz – la del dolor – en su marcado tenebrismo.

.Juan José de Austria

Por último quiero recordar que en la tristeza de las tardes madrileñas de los viernes santos, Un Cristo – el de Gaspar Becerra – transporta a otro Cristo – el Sacramentado – en recoleta procesión por los pasillos del claustro bajo.

GASPAR BECERRA. Cristo yacente. Monasterio Descalzas Reales, Madrid (Fot.www.oronoz.com)

Fuente: Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorin




jueves, 24 de noviembre de 2016

MADRID VISTO POR CATALÁ ROCA

Esta vez nos vamos a recorrer algunas partes del Madrid de los años 50 con las tomas de Francesc Catalá Roca. 19-3-1922 Valls(Tarragona) 15-3-1998 Barcelona

Viendo abanicos en Casa Diego
Plaza de Oriente 1950

lunes, 21 de noviembre de 2016

PALACIO DEL NUNCIO

Está situado en la calle que lleva su nombra. En 1608 el solar en el que se iba a levantar este palacio estaba formado por dos casas diferentes. Una propiedad de Pedro Maldonado y la otra propiedad de Mencía de la Cerda y Bobadilla, marquesa viuda del Valle. A su muerte la casa paso por testamento a D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y secretario del duque de Lerma.  La caída en desgracia del marqués y su posterior ajusticiamiento hizo que Felipe III, en 1618, destinara las dos casas para residencia del Nuncio en Madrid. A partir de 1647 se tuvo que reconstruir debido a la amenaza de ruina, las obras fueron dirigidas por el arquitecto hermano Francisco Bautista entre 1647 y 1658.

En 1731 el Nuncio decidió construir un edificio nuevo que se terminó en 1737. Y que es el que hasta nuestros días se conserva y que en la actualidad ocupa la Vicaría General Castrense, conservando en sus dependencias el Tribunal de la Rota.

sábado, 19 de noviembre de 2016

LA CHATA

Estamos en la década de los años veinte del siglo pasado, cuando una monarquía se estaba desgastando por la gangrena de varios males, entre ellos el político, y cuando palpitaba subterránea una necesidad de transformaciones que se aplazaban peligrosamente. Madrid era entonces eminentemente popular y los mercados tenían especial importancia, no sólo por ser lugar de compra-venta, sino por ser también ocasión de encuentros y diálogos.
Mercado de la Corredera años 20


El mercado de la Corredera y el de San Ildefonso tuvieron en aquella época su máximo esplendor y rivalizó con el mítico de la Cebada.

Mercado de la Cebada 1920


Mercado de San Ildefonso principios siglo XX


En la amanecida llegaban ya los vendedores, tanto al interior del edificio del mercado, como los que asentaban sus puestos en las aceras de los alrededores. Las mujeres abrigaban sus manos con guantes que dejaban salida a los dedos y sus cuerpos con pesadas faldas cubriendo varios refajos. Se hablaba fuerte y, de tanto en cuanto, sonaba un taco, mezclado con el gracejo de un dicho madrileño o con algún chiste. Empezaba el coro vociferante de los pregones que iban poco a poco subiendo de tono y que se expresaban con desgarro castizo. Pasaba alguna señoritinga, llevando en las manos el velo y el libro de misa, con un rubor que no venía a cuento; muchas chachas con sus grandes cestas de mimbre, los ojos muy abiertos, aún no acostumbrados a la ciudad y sus rostros curtidos que no habían perdido el rigor del sol pueblerino; algún soldado tras ellas y, de cuando en cuando, unos tíos con boina o gorra que buscaban cual aves de rapiña a sus futuras víctimas para demostrarles su habilidad en el timo de la "estampita". De once a doce de la mañana - entonces se comía muy temprano en Madrid - era la hora gozosa del mercado, cuando relucía en los puestos el color vistoso de la fruta levantina; en las cajas, el pescado traído de Cantábrico, y, colgados, los despojos de los corderos segovianos o abulenses. Algunos días, algo alteraba el bullir de los gritos y de los pregones; era, primero un rumor: " ¡ Que viene la "Chata" !" y luego un aparecer lento en la calle de su coche. "La Chata" era la infanta Isabel de Borbón, tía carnal del monarca y ex-princesa de Asturias, que llegaba acompañada por su dama, la señorita Beltrán de Lis. Todo en la infanta era exuberante, menos su nariz - insignificante para un miembro de la família borbónica - lo que le valió el mencionado remoquete popular. Vestía casi siempre vestidos absurdos que Valle Inclán, cruelmente decía que "se los prestaba su cotorra". Doña Isabel era contradictoria y se parecía mucho a su madre; soberbia, pero llana al mismo tiempo y fervorosa amiga del aura callejera; por eso sonreía feliz cuando las vendedoras de la Corredera se abalanzaban sobre su coche y se lo llenaban de hortalizas y de flores, mientras los hombres le enviaban la gracia retrechera de sus espontáneos piropos. Todo el mercado parecía pararse en aquel momento, tal vez esperando que recogiese la vibrante escena el pincel de un pintor o la cámara de un fotógrafo. Después el coche seguía su camino hacia el palacio de la calle Quintana.

A la castiza "Chata" quiso la República ahorrarle los sufrimientos del exilio y la autorizó para permanecer en Madrid; pero ella, obedeciendo el latido de la sangre prefirió seguir a su familia en el destierro. Cuando pasó la frontera llevaba en su bolso doscientas pesetas mal contadas; ¡ ella que fue tan pródiga con todos !.

Muy pocos días después moría en París. A su entierro no asistió casi nadie, pero seguro que la lloraron las dicharacheras y desvergonzadas verduleras de los mercados de San Ildefonso y de la Corredera.

Fuente: Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín






jueves, 17 de noviembre de 2016

CALLE PUÑONROSTRO

Va de la calle de San Justo
A la plaza del Conde de Miranda.

En el siglo XVIII hubo de cerrarse esta calle; pero no tardó en volver a ser abierta al tránsito público.

Aquí estaba la casa de don Fernando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos, finca en que vivió luego el marqués de Belmonte, y pasó luego a propiedad del conde de Puñonrostro, de la que quedó el nombre a la calle, después de desaparecida aquella.

El condado de Puñonrostro recuerda una defección en la lucha de las Comunidades madrileñas. Fue concedido por Carlos I a Juan Arias Dávila, señor de Torrejón de Velasco, por no haber dado a los comuneros de Madrid la ayuda con ques les había hecho contar. Mal hicieron los madrileños en fiar de tal personaje y de su amor al pueblo, pues debieron recordar que, no pudiendo sufrirle los habitantes de Alcobendas, que se hallaban también bajo su señorío, hubieron de abandonar su aldea, y, saliendo de ella, comenzaron a edificar otras viviendas en torno a una ermita de San Sebastián, que era propiedad del Concejo de Madrid.

Hasta allí les persiguió la saña de Arias Dávila, quien llegando con gente de armas, quemó las chozas que tenían hechas y los cogió presos, logrando escapar algunos, que, sabedores de que D. Fernando el Católico pasaba de Alcalá a Madrid, acudieron a su encuentro en el puente de Viveros, sobre el Jarama, y le refirieron lo que les acontecía. Entonces el monarca mandó al desabrido noble que soltase a los prisioneros y que se fundase el nuevo lugar libre donde ellos querían, y que por aquella ayuda fuese denominado San Sebastián de los Reyes



Fuente Las Calles de Madrid de Pedro Repide

MONUMENTO A CALDERÓN

Data de 1880 y es obra de Joan Figueras Vila (1829-1881). Es un homenaje al escritor y dramaturgo que fuera hijo predilecto de Madrid y uno de los máximos esponentes del Siglo de Oro.
El propietario de la estuatua fue el Ministerio del Estado, que se la regaló a la noble Villa de Madrid, pero sin el pedestal, que el Ayuntamiento encargó al mismo escultor y cuyos costes se elevaron a 34.500 pesetas de entonces.

Fotografía del Archivo Ruiz Vernacci F.P.H


EL CEMENTERIO GENERAL DEL NORTE

Plano de situación


Fue el primero en construirse y se ubicaba entre las calles de Magallanes, Fernando el Católico, Rodríguez San Pedro y la plaza del Conde del Valle de Suchil. Su autor Juan de Villanueva introdujo el sistema de nichos tomando la idea del cementerio de Lachaise (París) y su construcción se extendió desde 1804 hasta 1809 (las obras se interrumpieron durante la guerra de la Independencia). En su entrada principal (donde actualmente está la calle de Magallanes) se colocó una monumental cruz de piedra procedente del Calvario de Leganitos y que se perdió cuando se demolió el cementerio. En su interior se construyó una capilla neoclásica sirvió como parroquia y el cementerio tuvo que ampliarse en dos ocasiones. En 1837 fue enterrado en este cementerio Mariano José de Larra, cuyos restos se trasladaron en 1852 al cementerio de San Nicolás (también desparecido) y actualmente reposa en el cementerio de San Justo. Este cementerio desapareció a principios del siglo XX y en la actualidad se levantan allí viviendas y El Corte Inglés.
Mientras unos operarios del Ayuntamiento de Madrid, trabajaban en las obras de un nuevo aparcamiento subterráneo para residentes, un tabique de tierra cedió, sacando a la luz un espacio abovedado con cientos de cráneos y huesos desperdigados. La fosa, una galería de ladrillo y cal, situada a 12 metros bajo el suelo de la confluencia de la  calle Arapiles con la Plaza del Conde Valle de Suchil, había estado escondida durante más de 100 años y se cree que contenía los restos de un antiguo cementerio de la ciudad con cuerpos que en muchos casos aún mantenían pelo y algunos dientes, con lo que el estado de conservación era bueno, y que una vez que finalizó el proceso de enterramientos,  se trasladaron  a un osario

La leyenda cuenta que la primera persona enterrada fue la condesa de Jaruco, bella mujer cubana que tenía mucho trato con el rey José Bonaparte. Se dijo que por la noche, el mismo día de ser enterrada, alguien -posiblemente un ser alado- exhumó el cadáver y la enterraron en el jardín de su casa de la calle del Clavel, donde José le habia regalado un palacio, para sus visitas secretas. Pero esta es otra historia.


Condesa de Jaruco


martes, 15 de noviembre de 2016

CALLE DEL ROSARIO


De la Gran Vía de San Francisco

A la Cuesta de las Descargas

Se llama así porque daba a ella una puerta de la antigua iglesia de San Francisco, puerta que comunicaba con la capilla de la Virgen de la Aurora, y por la cual salía el famoso rosario de éste nombre, en el que formaban treinta y seis farolas doradas de gran tamaño y otra profusión de luces. Acudían a él gran número de devotos y recorría la procesión varias calles, engrosándose la comitiva con infinitos acompañantes según avanzaba en su carrera.

Muchos años se sucedió esta devoción, hasta que una vez, encontrándose la calle de los Remedios (hoy desaparecida y que forma parte de la Plaza de Tirsode Molina), este rosario al del Hospital, que venía de Santa Catalina, se movió tan confusa pendencia entre ambas cofradías sobre cuál había de ceder el paso a la otra, que se prohibió a causa de aquella refriega que volviese a salir tal procesión, quedando de aquel suceso el dicho vulgar de decir, refiriéndose a algo que termina violentamente, que acabó como el rosario de la Aurora.

Fuente: Las Calles de Madrid de Pedro de Répide

UNA MIRADA AL MADRID DE 1954

Hoy nos vamos en autobús o trolebús a disfrutar, acordaros hay que entrar por la parte trasera

Las fotografías de Horacio Novais

Puerta del Sol
Puerta del Sol
Cruzando
Palacio de Comunicaciones, cruzando
Comprando la prensa en Cibeles
Por el Paseo del Prado
Cinr Palacio de la Prensa
Las Cortes
Hotel Palace
Capas Seseña
Puerta del Sol
Puerta del Sol