sábado, 18 de noviembre de 2017

CRONICA NEGRA


No sé si soy un psicópata o no. Ni me importa. Lo único que sé es que soy el autor de cuatro muertes: dos quizás un poco más justificadas, aunque, en realidad, ninguna puede serlo
Jarabo, durante su juicio

José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, más conocido como José María “Jarabo“, nació en Madrid en 1923 en el seno de una familia adinerada, con lo cual fue a los mejores colegios, era sobrino del entonces presidente del Tribunal Supremo, Francisco Ruiz Jarabo.

Acababa de cumplir 17 años en 1940, cuando su familia se trasladó a Puerto Rico.

Dejó los estudios y llevaba una vida de holgazán al amparo de su madre.

A los 20 años se casó con una rica heredera, poco tardaron en divorciarse, fue entonces cuando se fue a New York y lo condenaron por tráfico de drogas y pornografía, pasó 4 años en la cárcel. A su vuelta a España, no tardó en relacionarse con otros asuntos de droga a nivel local.

Tras engatusar a Beryl Martin Jones, una inglesa casada con un francés que dejó en Lyon, el «Jarabo» la convenció para vender a unos prestamistas particulares una joya de brillantes que le había regalado su marido. Pero cuando el marido de Beryl Martin Jones acudió a Madrid y consiguió que regresara a su lado, ella apremió a José María «Jarabo» para que le devolviera la joya.

Sin embargo, los prestamistas pusieron una infinidad de trabas al «Jarabo» que, lejos de acudir a la justicia, se la tomó por su cuenta y se desplazó al piso de uno de de ellos. Después de introducirse en la casa, el «Jarabo» esperó al prestamista Emilio Fernández para dispararle en la nuca. La esposa del prestamista, que estaba embarazada, y su criada también fueron asesinados por el «Jarobo» en su empeño de no dejar testigos.

Al no encontrar la joya en la casa del prestamista asesinado, «Jarabo» decidió hacer una visita al establecimiento donde se realizaban los prestamos. Allí asesinó a disparos a Félix López Robledo, el socio de Emilio Fernández. A continuación, Jarabo llevó su traje, manchado con la sangre del prestamista, a una tintorería de su confianza, Julcán, en el número 49 de la calle Orense, donde se inventó una pelea con unos americanos «de la base de Torrejón» para justificar las manchas. Un error que atrajo la atención de la Policía, que no tardó en dar con el paradero de José María «Jarabo».

Juzgado y condenado a muerte por garrote vil, fue el último ejecutado en España por delito común.

El asesino
Las víctimas
La tienda de empeños

Fuentes A B C

viernes, 17 de noviembre de 2017

CRONICA NEGRA

A la una y cuarto de la madrugada del 13 de agosto de 1908, un guardia observó cómo salían llamas y humo de la estación de las Delicias. Para dar la alarma, se puso a dar tiros al aire, reza la crónica de ABC.

Llegó una pareja de la Guardia Civil que comprobó cómo las llamas habían comenzado en un almacén de tracción, pero se propagaron hacia el laboratorio.

El relato periodístico habla de los numerosos daños materiales y de que esa jornada se cerró en Madrid con nada menos que cinco incendios.

Fuente A B C

Estado en que quedaron las dependencias foto ABC

jueves, 16 de noviembre de 2017

CRONICA NEGRA

El 27 de septiembre de 1905, la calle de Toledo se estremeció. Por la tarde, una enorme explosión sacudió el centro de la capital. El epicentro del suceso estaba en una sastrería del número 24.

La crónica de ABC hablaba de un escape de gas seguido de un incendio. Los servicios de emergencia de la época, tomaron las riendas del asunto. La teoría manejada era la de una imprudencia, según se dijo en la época. Han pasado casi 112 años desde esta imagen.

Fuente A B C

lunes, 13 de noviembre de 2017

BONETILLO

Esta calle no tiene leyenda.
Pero si en su memorial histórico y en su hoja de servi­cios, no hay fantasmas, ni damas picañas, ni lámparas tris­tes, ni imágenes sagradas, ni cuchilladas rajantes, ni esto­cadas perforantes, ni Roldanes altaneros, ni mendigos, ni matones, en cambio tiene una conseja, tradición o cuento, que ha llegado hasta nuestros días en pergaminos y letras de molde.
Ha llegado en recuerdo oral que se escucha en las tertu­lias nocturnas callejeras -en las del viejo Madrid por supuesto, en las del antiguo Madrid con sabor de señorío y relumbrón muy castizo, a esa hora pavorosa de los embozos en que ruge el león, aulla el lobo a la luna y se abren las tumbas, como en Roberto el Diablo, para dar salida a los espectros que van a corretear por los senderos de los cementerios.
La hora del Pastor, que dirían los franceses; la de los duendes y las brujas, que decimos los españoles.
No deja de ser chocante que el inolvidable Espronceda; tan proclive a cultivar hermosas patrañas, no recogiera del folklore de la Calle del Bonetillo el misterioso y lúgubre suceso al que se atribuye el origen de su nombre. La ver­dad es que El Estudiante de Salamanca, con su arrogancia y sus vicios y su desenfado caballeresco, no tiene punto de semejanza con el modesto, y casi ignorado, sacerdote de Santa Cruz, don Juan Enríquez, a quien se atribuye la paternidad de origen del Bonetillo, por causa de broma impia, que algunos jugaron a su bonete.
El cantor de la calle del Ataúd, estrecha y alta, con la me­drosa lámpara alumbrando una imagen de Jesús, mientras pasa un embozado, que lleva todavía en la manó la espada teñida de sangre, és el único, según modestos juicios, que hubiera dado lustre y colorido fuerte y tono de verdad romántica a la tradición poética de la Calle del Bonetillo.

Cuentan las crónicas, que allá por los años de aquel siglo marmóreo, que llamó suyo por haberlo domado el rey de acero, casi monje.del Escorial, don Felipe II; por aquellos días nefastos en que, con razón o sin ella -que en esto no entramos ni salimos, ni quitamos ni ponemos rey, ni tan siquiera ayudamos a nuestro señor porque no lo te­nemos; se habló tanto, y se murmuró tanto, y se vilipen­dió hasta el exceso, por motivo de la enfermedad calificada de sospechosa, y por la muerte, aún más sospechosa, del príncipe don Carlos, hijo del rey Felipe, existía adscrito a la parroquia de Santa Cruz el presbítero don Juan Enríquez a quien el príncipe don Carlos dispensaba cariñosa amistad.
Estas relaciones no fueron del agrado del cardenal Espinosa, Dios sabrá por qué razón. La verdadera luz sobre Felipe II, del padre Montaña -inventor famoso del sermón de San Jerónimo y noble historiador vapuleado hasta los huesos por el padre Sánchez en sabia controver­sia- no se digna, o no sabe decir nada acerca de por qué el cardenal Espinosa vio siempre con desagrado y alarma las relaciones del príncipe don Carlos con don Juan Enrí­quez. Motivos tendría, altos o bajos, para la reprobación del Cardenal y para, los dimes y diretes satíricos de la Cor­te y de los parroquianos de Santa Cruz; lo cierto es que un día, pasada la media noche, cuando el sueño y la oscuridad envolvían la tierra y entre el rumor de algún portón mal entornado, parecía que se escuchaban voces temerosas y pisadas huecas, andando en las tinieblas se oyó una cam­pana tocar a muertos y luego ruido de pasos de gente que reza; y después se vieron cien luces alumbrando bultos enlutados, y en el centro de dos hileras apretadas, un fére­tro que llevaban en hombros cuatro, agonizan-tes...
Pero dejemos a la tradición de la calle contar el suceso tal como fue:
«Volvía don Juan Enríquez una noche a su casa cuando encontró un entierro; sobre el féretro llevaban un cáliz y un bonete. Se acercó a preguntar quién era el difunto y le contestaron que don Juan lrnríquez; asombrado el clérigo repitió cuatro veces el interrogante y otras tantas le res­pondieron que se trataba de su propio enfierro. Corrió a su casa y encontró una mesa cubierta con paño negro y cua­tro blandoncillos encendidos; preguntó a los vecinos quién era el difunto y vio que aquéllos huían despavoridos cre­yéndole un apa-recido. A la mañana siguiente fue a Santa Cruz y le enseñaron el libro en que constaba su partida de defunción y la provisión de su plaza en la parroquia.
»Al volver a su domicilio, la puerta estaba clavada, y un familiar del Santo Oficio le llevó a los calabozos de la Inquisición de Toledo.
»En el tejado de la casa apareció sobre un palo un bone­te encarnado, y desde entonces sé llama la calle donde ocurrió este suceso, Calle del Bonetillo.»

Y si lector dijeres ser comento,
como me lo contaron te lo cuento.

Las bromás, pesadas, o no darlas, que dirán en la actua­lidad los vecinos de la Calle del Bonetillo.


De R.Sepúlveda Antiguo Madrid

BERNARDINO EL HÉROE

Una epidemia de peste invadió Madrid en aquel verano del año 1599 -hacía tan sólo un año que se había inicia­do el reinado de Felipe III. El espectáculo era dantesco. Los cadáveres permanecían en las casas y amontonados en las calles, insepultos, aumentando así el propio poder de la plaga, porque ni personal había para dar digna sepultura a los muertos.
Los sanos huían a toda prisa y los moribundos queda­ban solos esperando el trágico e irremediable final; ni fuer­zas para la plegaria les quedaban ya.
Un silencio de sepulcro, estremecedor, invadía la Villa y Corte que interrumpía algún quejumbroso lamento o el ladrido de un perro carcomido por la sarna y succionado por los piojos, convertido de esta guisa en un achacoso y decrépito cancerbero de los muertos y de los que no a mucho tardar iban también a morir.
Pero existía una auténtica isla de amor: era el Hospital de Convalecientes -lugar en el que hasta hace poco tiem­po estaba el Hospital General, y donde un día llamara el arrepentimiento de Bernardino de Obregón para ofrecerse como humilde enfermero. Él y sus hermanos de congrega­ción se multiplicaban viendo que era insuficiente la capa­cidad del hospital en tan críticos momentos.
Bernardino atendía a los apestados repartiendo consuelo, oraciones y medicinas, que no eran remedios, cerrando los ojos de los que partían definitivamente. Incansable, sin dormir apenas, sin comer, sin miedo al contagio, iba de un lado para otro, día y noche.
Fue una lucha contra la muerte que le costó la suya.
Arcanos del alma popular. Su cuerpo permaneció expuesto en la iglesia del hospital y, ante él, como una pos­trera muestra de agradecimiento, desfiló la muchedumbre sin temor al posible contagio. Dos veces fue necesario cambiar su hábito porque la gente se lo arrancaba a jirones para conservarlos como reliquias que, después según se cuenta, forjaron prodigios.


R.Sepúlveda Antiguo Madrid

Juan de Courbes: Retrato de Bernardino de Obregón. Inscripción al pie: Pater Bernardinus Obregonius Xenodochii Generalis Matritensis Fundator. Madrid, Biblioteca Nacional de España


viernes, 10 de noviembre de 2017

LA AVENTURA DE UNOS EMBAJADORES

Carrere cantó así a la calle de Embajadores:

«Menestrala animación,
clara luz primaveral
y horrenda de almazarrón
la barraca de Pavón
-melodrama de Rambal-
¡Truculenta evocación!

Chulería
a la manera clásica;
vocinglera
del hortera
y los castizos traperos
sobre el hombro, la soguilla
y dos mugrientos sombreros
de copa, en la coronilla.»

Al rey Juan II de Castilla, hijo de Enrique III ‘el Doliente’ y Catalina de Lancaster, gustaba de pasar grandes temporadas en la Villa de Madrid y, como era habitual antes de la capitalidad madrileña otorgada por Felipe II, donde estaba el Rey estaba la Corte.
Con motivo de la peste que estaba asolando a la Villa y Corte, a los embajadores de las cor­tes extranjeras se les incomunicó en un campo muy exten­so que allí existía, el cual estaba limitado por un portillo para evitar el contagio.

Luego fue, poco a poco, derivando la denominación: campo de Embajadores, portillo de Embajadores, para concluir, simplemente, en calle de Embajadores.

Facha Iglesia de San Cayetano en calle Embajadores
Casa de Pedro Ribera en calle Embajadores

sábado, 4 de noviembre de 2017

VERBENA

Seguimos en 1940, pero cambiamos de barrio ahora Lavapiés


Todas las fotografía están extraídas del fondo Wunderlich, FPH

jueves, 2 de noviembre de 2017

VERBENA

Así se disfrutaba en los años 40, alegría y diversión en la verbena de Chamberí después de tanto sufrimiento.

Fotografías extraidas del fondo Wunderlich en F.P.H.

sábado, 28 de octubre de 2017

MADRID TRUCULENTO

Margarita Ruiz de Lihory fue un personaje muy popular de la época pero sobre el que se desconocía su doble vida. Miembro de la alta sociedad española, compartía mesa a nivel internacional con jefes de estado, nobles y altos dignatarios.

Todo comenzó el 30 de enero de 1954 cuando Luis Schelly, hermano de la fallecida, enterrada días antes, presentó una denuncia contra su madre ante los Juzgados.

Ante la denuncia del joven, el juez instructor ordenó la entrada y registro  en casa de la Marquesa,  situada en el número 72, tercero derecha, de la calle Princesa de Madrid. Allí había vivido Margot con su madre y el compañero sentimental de esta, el abogado José María Basols-Iglesias, hasta que, muy enferma, fue trasladada a Albacete, donde la familia tenía una segunda residencia y donde, finalmente, murió. En el registro se descubrieron unos ojos humanos, una lengua y una mano de mujer hábilmente amputadas. Ante este hallazgo se ordenó la exhumación inmediata del cuerpo de Margot Schelly Ruiz de Lihory, de 37 años, que había muerto diez días antes tras sucumbir a la leucemia, descubriéndose que  todos los miembros pertenecían a la hija de la Marquesa.  En el Madrid de 1954 la noticia prende como la pólvora.

Durante las dos noches que duró el velatorio –la del 19 y la del 20 de enero– la marquesa impidió a sus allegados ver el cadáver de su hija recién fallecida. Solo ella y su pareja compartieron su habitación. La misma noche encargó al personal de servicio que comprara alcohol y algodón en grandes cantidades. Fue entonces cuando en su empleada surgieron las sospechas que más tarde materializaría Luis Shelly, el hijo mayor de la marquesa, ante el Juzgado de Instrucción número 14 de Madrid.

Una vez descubierta, dijo que su hija era una santa y que se había quedado coan unas reliquias para llorar su ausencia sobre ellas.

Madre e hijo no se llevaban bien. El fuerte carácter de la aristócrata la alejó de sus descendientes, pero no de su única hija. Llamó a un fotógrafo para que la inmortalizara junto al cadáver, en el lecho de muerte. Eran de las familias más conocidas en Madrid y por ello, al entierro de Margot le siguió una gran comitiva popular

Se dio el insólito fenómeno en la prensa nacional de que se produjera la reventa. Así, un avispado quiosquero del madrileño barrio de Tetuán hizo varios desplazamientos con su furgoneta al distrito de Fuencarral adquiriendo cuantos ejemplares encontró, cientos y cientos, que después vendía por un duro cuando el precio real era de dos pesetas.   

Portada de El Caso, censurado y rectificado a mano por su director
La madre junto al cadaver de su hija
La madre, una bella mujer con una vida azarosa

miércoles, 25 de octubre de 2017

COSAS DE MADRID

PROTAGONISTAS:

José Paúl y Angulo fue un político, escritor y periodista nacido en Jerez de la Frontera, Cádiz, en 1842 y fallecido en París 1892, que ha pasado a la historia como principal sospechoso de la emboscada a tiros, una noche en Madrid en la calle Marqués de Cubas, al General Juan Prim.
En Biografías y Vidas se dice de él: “Político español. Apoyó la revolución de 1868 y fue diputado por Jerez. Tras participar en la insurrección republicana de 1869, tuvo que exiliarse. A su regreso a España instigó, al parecer, el asesinato de Prim, lo que le obligó a expatriarse. Emigró a América, donde amasó una gran fortuna, y luego a París. Es autor de Memorias de un pronunciamiento (1872) y de Los asesinos del general Prim y la política en España(1886)”.
Vuelto a España y como tenía dinero  se dedicó a promover la República con el ideario de libertad, fraternidad e igualdad. Se gastó su fortuna persiguiendo esos ideales. Siempre  iba protegido por una serie de compañeros. Había sido atacado varias veces por la conocida 'banda de la porra’. Incluso habían atacado a la redacción del periódico, de su propiedad, 'El Combate' cuando estaba en la Plaza de los Mostenses.

Felipe Ducazcal, nacido en 1845 en el número 3 de la calle de la Palma de Madrid y fallecido en 1890 en su casa de la calle Alcalá 77. Fue tipógrafo en la imprenta que su padre tenía en la Plaza de la Ópera, donde se alzó el Real Cinema. Ducazcal siendo muy joven se afilió al partido del general Prim. Fue empresario teatral en Madrid (ver la entrada anterior del 24/10). En su vida hubo un lado oscuro: la organización y dirección de la sinuestra Partida de la Porra, un grupo de matones a sueldo, que se dedicaban a asaltar las redacciones de los periódicos que no comulgaban con sus ideas, reventando mítines políticos o molían a palos a periodistas incómodos, llegando a ocasionar muertes.

Benito Pérez Galdós: “Una noche de las últimas de noviembre (1870), los mitológicos asaltaron el teatrito de Calderón, donde había de estrenarse un sainete cómico-burlesco, titulado Macarronini I (Eduardo Navarro Gonzalvo fue el autor de aquella bufonada cómica en un acto y en verso). Tomadas y ocupadas por la cuadrilla todas las butacas, desde la fila 4.ª a la 24, apenas se levantó el telón empezó el disparo de patatas y de verduras arrojadizas sobre los pobres comediantes; y como estos protestaran con ira, los alborotadores invadieron el escenario, y allí no quedó decoración entera, ni mueble sano, ni actor sin desgarrones en la ropa y cardenales en el rostro. Huyó el público despavorido, se desmayaron muchas señoras, y algún niño salió magullado. A los agentes del Orden no se les vio el pelo, y el acto vandálico se consumó con discreto alejamiento de la autoridad. Y menos mal que no hubo muertos, como en el salvaje atropello del casino carlista de la Corredera. De este y otros desmanes quedó en el público un rastro de indignación, de acres disputas. Paúl en su Combate y Ducazcal en La Iberia, se pusieron de vuelta y media, achacándose uno a otro la culpa del escándalo. Felipe se jactó de haber maltratado al jerezano en plena calle. Lo más suave que Paúl dijo a su enemigo fue este puñado de flores: «Al jefe de la partida de asesinos, protegidos por el Gobierno que a España deshonra, a Felipe Ducazcal, tiene dicho el director de El Combate: -Que le reconoce como vil y cobarde agente del ignominioso Gobierno de Prim y Prats. -Que mintió como un villano al asegurar que le había maltratado, quitándole el revólver. -Y, por último, que sin embargo de su despreciable condición, dispuesto estaba a batirse con él cuando quiera y como quiera».
 
Benito Pérez Galdós en La España Trágica de Los Episodios Nacionales describió los pormenores del duelo a pistola más insólito de la historia de Madrid, por los personajes que se enfrentaron –Felipe Ducazcal y José Paúl y Angulo-, por las consecuencias que supuso para uno de los dos y por cómo se llegó a los hechos. Ocurrió en 1870. El perdedor fue Ducazcal, de 25 años, que acabó con un balazo incrustado en lo más profundo del oído y que nunca pudieron extraerle. Convivió con la bala 20 años, hasta su muerte a los 46.  Del relato de Pérez Galdós se desprende que Ducazcal cometió un error muy grave cuando en un instante volvió la cabeza hacia un lado mientras arrojaba su pistola encasquillada al suelo. Paúl y Angulo no vaciló un segundo, apuntó, disparó y el proyectil impactó en su rival. “En una de las suertes, le falló a Ducazcal la pistola; arrojola con gallardo gesto, volviendo la cabeza. En aquel momento la bala de Paúl le entró por una oreja. Felipe dio una gran voltereta y cayó como muerto”.

Fuentes : Biografía y vidas
                    Benito Pérez Galdós "La España Trágica" Episodios Nacionales

Ejemplar de El Combate BNE
Felipe Ducazcal
Imprenta Plaza de la Ópera

martes, 24 de octubre de 2017

COSAS DE MADRID

Estamos en el siglo XIX, concretamente en 1885.

En este año comienza a funcionar el teatro Felipe, que lleva el nombre de su propietario y empresario Felipe Ducazcal, el de las mantillas  y de la partida de la Porra ( de eso os contaré en otro momento). Aunque se trata de un modesto local de madera a un costado de la Plaza de la Cibeles, pronto va a conocer noches de esplendor con las obras más representativas de una modalidad que también acaba de nacer, el llamado " género chico ". Un par de años antes, motivados por el imprevisto languidecer del teatro Apolo, un grupo de libretistas y músicos se propusieron cambiar el rumbo de este espléndido coliseo. Estremera, Ramos, Carrión y Zapata, entre los primeros; Arrieta, Caballero, Chapí, Llanos y Marqués entre los segundos. Estaban decididos a plantar batalla al resto de los teatros ( Zarzuela, Romea, Capellanes, el Circo y Variedades ) en cuanto a representar  un tipo de obras que ya se anunciaban como características del nuevo género. Los "bufos", cuyo creador fueJoaquín Arderius y algunas zarzuelas cortas presagiaban un cambio de actitud del público y, en consecuencia, el nacimiento, inminente de ese teatro por horas que sería el germen de la famosa " cuarta" de Apolo.

De Historia de la Villa de Madrid de José Antonio Vizcaino (Editorial Optima ed.2000)

Felipe Ducazcal
Teatro Felipe BNE

viernes, 20 de octubre de 2017

ESCRITORA Y CONDESA


Monumento a la Condesa de Pardo Bazán, doña Emilia. Se encuentra en la calle  Princesa, calle en donde la famosa escritora tenía su residencia, en un pequeño jardín enfrente del Palacio de Liria, residencia de la duquesa de Alba. Llamados los Jardines de la condesa Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña el 16 de septiembre de 1851 y falleció en Madrid, 12 de mayo de 1921 fue una novelista, periodista, ensayista y crítica literaria española introductora del naturalismo en España.

La condesa pertenece a una generación de mujeres que no tuvieron nada fácil el oficio de escribir. Entre finales del XIX e inicios del XX  realmente no tuvieron fácil ningún oficio que supusiera libertad de criterio y un reconocimiento social.

El monumento se construyó mediante una suscripción de mujeres españolas y argentinas realizada por iniciativa de la duquesa de Alba Marquesa de San Vicente del barco (que fue la madre de nuestra actual Duquesa de Alba) como se puede leer en una placa colocada en la parte posterior de la misma.

Es obra del arquitecto Pedro Muguruza Otaño, quien realizó el pedestal, y del escultor Rafael Vela del Castillo, quien realizó la estatua de doña Emilia en piedra caliza. Fue inaugurado el 24 de junio de 1926.



jueves, 19 de octubre de 2017

LA FUENTE DE LA CALLE DE HORTALEZA

En el siglo XVII, entre las calles de San Juan (hoy de la Farmacia)  y Santa Brígida, existía un hospital para enfermos contagiosos, el Hospital de San Antonio Abad o San Antón, patrono de la Orden que loregentaba. En ese momento ya había una fuente en la esquina con Santa Brígida, la Fuente de las Recogidas, cuyo nombre debe referirse al cercano Convento de Santa María "las Recogidas", hoy sede e un Sindicato, como se puede ver en el plano deTexeira, un sencillo pilón que abastecía las casas cercanas. Este pilón en 1772 se convirtió en una bella fuente vecinal la Fuente de los Galápagos obra de Ventura Rodríguez.

 A finales del siglo XVIII y primeras décadas del XIX se realizaron importantes transformación en la zona. Poco después de finalizar la construcción de la vecina Real Academia de Farmacia en la calle de San Juan, (hoy de la Farmacia) los Padres Escolapios solicitaron trasladarse al hospital, que había quedado libre. Entre los años 1794 y  1832 se incorporaron nuevos solares de cercanas edificaciones y todo el conjunto fue reformado por el arquitecto Francisco Rivas, convirtiéndose en Convento y Colegio de San Antón. La fachada de la iglesia fue transformada al estilo neoclásico, es la que podemos contemplar actualmente, perdiéndose  la fachada de Ribera. Felizmente en su interior se conservó la iglesia barroca. También se mantuvo la fuente adosada al muro del colegio
 En los comienzos del siglo XX la fuente de las históricas Escuelas Pías fue  reformada y los galápagos fueron sustituidos por dos delfines entrelazados.

En el friso de la Fuente de los Delfines aún se puede leer la inscripción con la fecha: MDCCLXXII, año 1772, cuando Ventura Rodríguez, arquitecto de la Villa y Corte  proyectó la reforma del viejo pilón. Y allí continúa, adornando la calle.

martes, 17 de octubre de 2017

DANIEL URRABIETA ORTIZ

Si paseas por la calle de las Huertas en el número 32 verás una placa dedicada a;


Daniel Urrabieta Ortiz y Vierge, también llamado Daniel Vierge (Madrid, 5 de marzo de 1851​–Boulogne-sur-Seine, 10 de mayo de 1904),fue un pintor, dibujante e ilustrador español afincado en París, hijo del también dibujante Vicente Urrabieta y Ortiz. Firmaba sus obras con su segundo apellido, «Vierge», o «D. Vierge». Aunque vivió sus primeros años en España, en torno a la mayoría de edad viajó a Francia con su familia, donde empezó pronto a trabajar en publicaciones periódicas parisinas como Le Monde Illustré. Con sólo treinta años sufrió un grave ataque de hemiplejia, del que tardaría años en recuperarse y que le obligó a dibujar con la mano izquierda. Ilustró varias obras de Victor Hugo, además de clásicos de la literatura española como Don Quijote de la Mancha o La vida del Buscón.

Texto Wikipedia
Foto Color propia

domingo, 15 de octubre de 2017

UN BANDOLERO MADRILEÑO

SABIAS QUE:

Francisco de Villena, conocido como Paco  "el Sastre " anduvo por la sierra de Madrid después de haberse fugado de la cárcel del Saladero de Madrid, su golpe mas sonado fue el secuestro de los hijos del Marques de Gaviria en 1839, valiéndose de la estratagema de recogerlos a la puerta de su colegio, en la calle de Hortaleza en Madrid, haciéndose pasar por el cochero habitual del Marques y conduciéndoles a la Pedriza, dónde se refugio, e hizo que un pastor de Manzanares llevara al Marques una carta pidiendo un rescate de tres mil onzas de oro por la vida de los niños. Antes del pago, la partida de bandidos fue cercada en los alrededores del canto del Tolmo por soldados del Regimiento de la Reina Gobernadora que fueron guiados por el encargado de la fabrica de papel de Manzanares, conocedor de la zona. ‘El Sastre’ pudo huir, pero un año después fue localizado en Madrid, mientras paseaba despreocupadamente por el Rastro, siendo detenido, encarcelado y condenado a muerte, cumpliéndose la sentencia en el patíbulo habitual del paseo de Pontones, en las proximidades de la Puerta de Toledo.

jueves, 28 de septiembre de 2017

UN EDIFICIO RENOVADO

SABIAS QUE:

Si paseas por las calles de Galileo, Fernando el Católico te encontrarás con unos edificios prominentes, es este el inmueble que fue depósito de cadáveres y cochera de carruajes mortuorios. Obra del arquitecto Julio Martínez Zapata que lo constryó en 1898-99, ampliándolo en 1905-1907.
El 1 de enero de 1966 la Sociedad de Pompas Fúnebres lo cedió al Ayuntamiento, poseedor del 51% de las acciones de la recién creada Empresa Mixta de Servicios Funerarios. En octubre de 1984 esta empresa trasladó su sede a la calle Salvador de Madiaraga, junto a la M-30.
Hoy ese caserón de la calle de Galileo, una vez liberado de los espectros, velones y hachones, se remodeló completamente entre 1985 y 1986 para asumir funciones muy distintas de las primitivas.
El Centro Cultural Galileo, un gran espacio de arte y creatividad, de titularidad municipal, se estrenaría el 28 de mayo de 1987.


Foto propia

miércoles, 13 de septiembre de 2017

TIRSO DE MOLINA

Tirso de Molina, seudónimo de Gabriel Téllez,  poeta y dramaturgo Madrid1584- Almazán1648, denominada así desde 1939,   era la  Plaza del Progreso desde finales del siglo XIX en  homenaje de la ciudad de Madrid . El lugar, que entonces estaba lleno de árboles y bancos, tenía el aspecto de un clásico jardín romántico y estaba decorado con una estatua de Juan Álvarez Mendizábal, posiblemente el político más famoso de su época por la desamortización que llevaba su nombre y que permitió al estado y a él quedarse con numerosas propiedades. La estatua de Mendizábal de fecha 1869 fue fundida y reutilizada en el monumento a Felipe III dañado durante la Guerra Civil, mientras que el pedestal fue reutilizado para la colocación de la estatua de Tirso de Molina, realizada en 1943 por Rafael Vela del Castillo.


Grabado del siglo XIX

Foto propia