martes, 29 de noviembre de 2016

SOMBRAS EN LAS DESCALZAS REALES

A espaldas de la Gran Vía – ruido y escayola hoy – se halla la encantadora plaza de las Descalzas Reales, con su famoso monasterio, pedernal, ladrillo, casi silencio y el pasado con una presencia que resulta obsesionante.

No es mi intención realizar una descripción más o menos detallada, de esta joya tan poco visitada, pero si –  como siempre que pasamos por este lugar – la de evocar algunas figuras femeninas que vivieron entre sus clautros.

– La princesa doña Juana de Austria quí nació y fue bautizada – en el entonces palacio del tesorero del Emperador, don Alonso Gutiérrez -, reinó en Portugal y al morir su hijo don Sebastián en la descabellada aventura africana, regresó a Madrid, fundó este palacio-monasterio, donde vivió sus últimos años y donde dispuso que reposaran sus restos mortales.

– La archiduquesa Margarita de Austria, que dió calabazas al monarca de dos mundos para desposarse con un pobre crucificado.

Sor Margarita de la Cruz

– Sor Margarita de la Cruz, hija ilegítima de don Juan José de Austria, bastardo de Felipe IV  nacido de su relación con la actriz María Calderón ” La Calderona”,  y de la hija del pintor Ribera “El Españoleto”, quién a partir de la deshonra de su hija, aclaró su paleta, metiendo luz – la del dolor – en su marcado tenebrismo.

.Juan José de Austria

Por último quiero recordar que en la tristeza de las tardes madrileñas de los viernes santos, Un Cristo – el de Gaspar Becerra – transporta a otro Cristo – el Sacramentado – en recoleta procesión por los pasillos del claustro bajo.

GASPAR BECERRA. Cristo yacente. Monasterio Descalzas Reales, Madrid (Fot.www.oronoz.com)

Fuente: Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorin




jueves, 24 de noviembre de 2016

MADRID VISTO POR CATALÁ ROCA - I

Esta vez nos vamos a recorrer algunas partes del Madrid de los años 50 con las tomas de Francesc Catalá Roca. 19-3-1922 Valls(Tarragona) 15-3-1998 Barcelona

Viendo abanicos en Casa Diego
Plaza de Oriente 1950

lunes, 21 de noviembre de 2016

PALACIO DEL NUNCIO

Está situado en la calle que lleva su nombra. En 1608 el solar en el que se iba a levantar este palacio estaba formado por dos casas diferentes. Una propiedad de Pedro Maldonado y la otra propiedad de Mencía de la Cerda y Bobadilla, marquesa viuda del Valle. A su muerte la casa paso por testamento a D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y secretario del duque de Lerma.  La caída en desgracia del marqués y su posterior ajusticiamiento hizo que Felipe III, en 1618, destinara las dos casas para residencia del Nuncio en Madrid. A partir de 1647 se tuvo que reconstruir debido a la amenaza de ruina, las obras fueron dirigidas por el arquitecto hermano Francisco Bautista entre 1647 y 1658.

En 1731 el Nuncio decidió construir un edificio nuevo que se terminó en 1737. Y que es el que hasta nuestros días se conserva y que en la actualidad ocupa la Vicaría General Castrense, conservando en sus dependencias el Tribunal de la Rota.

sábado, 19 de noviembre de 2016

LA CHATA

Estamos en la década de los años veinte del siglo pasado, cuando una monarquía se estaba desgastando por la gangrena de varios males, entre ellos el político, y cuando palpitaba subterránea una necesidad de transformaciones que se aplazaban peligrosamente. Madrid era entonces eminentemente popular y los mercados tenían especial importancia, no sólo por ser lugar de compra-venta, sino por ser también ocasión de encuentros y diálogos.
Mercado de la Corredera años 20


El mercado de la Corredera y el de San Ildefonso tuvieron en aquella época su máximo esplendor y rivalizó con el mítico de la Cebada.

Mercado de la Cebada 1920


Mercado de San Ildefonso principios siglo XX


En la amanecida llegaban ya los vendedores, tanto al interior del edificio del mercado, como los que asentaban sus puestos en las aceras de los alrededores. Las mujeres abrigaban sus manos con guantes que dejaban salida a los dedos y sus cuerpos con pesadas faldas cubriendo varios refajos. Se hablaba fuerte y, de tanto en cuanto, sonaba un taco, mezclado con el gracejo de un dicho madrileño o con algún chiste. Empezaba el coro vociferante de los pregones que iban poco a poco subiendo de tono y que se expresaban con desgarro castizo. Pasaba alguna señoritinga, llevando en las manos el velo y el libro de misa, con un rubor que no venía a cuento; muchas chachas con sus grandes cestas de mimbre, los ojos muy abiertos, aún no acostumbrados a la ciudad y sus rostros curtidos que no habían perdido el rigor del sol pueblerino; algún soldado tras ellas y, de cuando en cuando, unos tíos con boina o gorra que buscaban cual aves de rapiña a sus futuras víctimas para demostrarles su habilidad en el timo de la "estampita". De once a doce de la mañana - entonces se comía muy temprano en Madrid - era la hora gozosa del mercado, cuando relucía en los puestos el color vistoso de la fruta levantina; en las cajas, el pescado traído de Cantábrico, y, colgados, los despojos de los corderos segovianos o abulenses. Algunos días, algo alteraba el bullir de los gritos y de los pregones; era, primero un rumor: " ¡ Que viene la "Chata" !" y luego un aparecer lento en la calle de su coche. "La Chata" era la infanta Isabel de Borbón, tía carnal del monarca y ex-princesa de Asturias, que llegaba acompañada por su dama, la señorita Beltrán de Lis. Todo en la infanta era exuberante, menos su nariz - insignificante para un miembro de la família borbónica - lo que le valió el mencionado remoquete popular. Vestía casi siempre vestidos absurdos que Valle Inclán, cruelmente decía que "se los prestaba su cotorra". Doña Isabel era contradictoria y se parecía mucho a su madre; soberbia, pero llana al mismo tiempo y fervorosa amiga del aura callejera; por eso sonreía feliz cuando las vendedoras de la Corredera se abalanzaban sobre su coche y se lo llenaban de hortalizas y de flores, mientras los hombres le enviaban la gracia retrechera de sus espontáneos piropos. Todo el mercado parecía pararse en aquel momento, tal vez esperando que recogiese la vibrante escena el pincel de un pintor o la cámara de un fotógrafo. Después el coche seguía su camino hacia el palacio de la calle Quintana.

A la castiza "Chata" quiso la República ahorrarle los sufrimientos del exilio y la autorizó para permanecer en Madrid; pero ella, obedeciendo el latido de la sangre prefirió seguir a su familia en el destierro. Cuando pasó la frontera llevaba en su bolso doscientas pesetas mal contadas; ¡ ella que fue tan pródiga con todos !.

Muy pocos días después moría en París. A su entierro no asistió casi nadie, pero seguro que la lloraron las dicharacheras y desvergonzadas verduleras de los mercados de San Ildefonso y de la Corredera.

Fuente: Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín






jueves, 17 de noviembre de 2016

CALLE PUÑONROSTRO

Va de la calle de San Justo
A la plaza del Conde de Miranda.

En el siglo XVIII hubo de cerrarse esta calle; pero no tardó en volver a ser abierta al tránsito público.

Aquí estaba la casa de don Fernando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos, finca en que vivió luego el marqués de Belmonte, y pasó luego a propiedad del conde de Puñonrostro, de la que quedó el nombre a la calle, después de desaparecida aquella.

El condado de Puñonrostro recuerda una defección en la lucha de las Comunidades madrileñas. Fue concedido por Carlos I a Juan Arias Dávila, señor de Torrejón de Velasco, por no haber dado a los comuneros de Madrid la ayuda con ques les había hecho contar. Mal hicieron los madrileños en fiar de tal personaje y de su amor al pueblo, pues debieron recordar que, no pudiendo sufrirle los habitantes de Alcobendas, que se hallaban también bajo su señorío, hubieron de abandonar su aldea, y, saliendo de ella, comenzaron a edificar otras viviendas en torno a una ermita de San Sebastián, que era propiedad del Concejo de Madrid.

Hasta allí les persiguió la saña de Arias Dávila, quien llegando con gente de armas, quemó las chozas que tenían hechas y los cogió presos, logrando escapar algunos, que, sabedores de que D. Fernando el Católico pasaba de Alcalá a Madrid, acudieron a su encuentro en el puente de Viveros, sobre el Jarama, y le refirieron lo que les acontecía. Entonces el monarca mandó al desabrido noble que soltase a los prisioneros y que se fundase el nuevo lugar libre donde ellos querían, y que por aquella ayuda fuese denominado San Sebastián de los Reyes.

MONUMENTO A CALDERÓN

Data de 1880 y es obra de Joan Figueras Vila (1829-1881). Es un homenaje al escritor y dramaturgo que fuera hijo predilecto de Madrid y uno de los máximos esponentes del Siglo de Oro.
El propietario de la estuatua fue el Ministerio del Estado, que se la regaló a la noble Villa de Madrid, pero sin el pedestal, que el Ayuntamiento encargó al mismo escultor y cuyos costes se elevaron a 34.500 pesetas de entonces.

Fotografía del Archivo Ruiz Vernacci F.P.H


EL CEMENTERIO GENERAL DEL NORTE

Plano de situación


Fue el primero en construirse y se ubicaba entre las calles de Magallanes, Fernando el Católico, Rodríguez San Pedro y la plaza del Conde del Valle de Suchil. Su autor Juan de Villanueva introdujo el sistema de nichos tomando la idea del cementerio de Lachaise (París) y su construcción se extendió desde 1804 hasta 1809 (las obras se interrumpieron durante la guerra de la Independencia). En su entrada principal (donde actualmente está la calle de Magallanes) se colocó una monumental cruz de piedra procedente del Calvario de Leganitos y que se perdió cuando se demolió el cementerio. En su interior se construyó una capilla neoclásica sirvió como parroquia y el cementerio tuvo que ampliarse en dos ocasiones. En 1837 fue enterrado en este cementerio Mariano José de Larra, cuyos restos se trasladaron en 1852 al cementerio de San Nicolás (también desparecido) y actualmente reposa en el cementerio de San Justo. Este cementerio desapareció a principios del siglo XX y en la actualidad se levantan allí viviendas y El Corte Inglés.
Mientras unos operarios del Ayuntamiento de Madrid, trabajaban en las obras de un nuevo aparcamiento subterráneo para residentes, un tabique de tierra cedió, sacando a la luz un espacio abovedado con cientos de cráneos y huesos desperdigados. La fosa, una galería de ladrillo y cal, situada a 12 metros bajo el suelo de la confluencia de la  calle Arapiles con la Plaza del Conde Valle de Suchil, había estado escondida durante más de 100 años y se cree que contenía los restos de un antiguo cementerio de la ciudad con cuerpos que en muchos casos aún mantenían pelo y algunos dientes, con lo que el estado de conservación era bueno, y que una vez que finalizó el proceso de enterramientos,  se trasladaron  a un osario

La leyenda cuenta que la primera persona enterrada fue la condesa de Jaruco, bella mujer cubana que tenía mucho trato con el rey José Bonaparte. Se dijo que por la noche, el mismo día de ser enterrada, alguien -posiblemente un ser alado- exhumó el cadáver y la enterraron en el jardín de su casa de la calle del Clavel, donde José le habia regalado un palacio, para sus visitas secretas. Pero esta es otra historia.


Condesa de Jaruco


martes, 15 de noviembre de 2016

CALLE DEL ROSARIO


De la Gran Vía de San Francisco

A la Cuesta de las Descargas

Se llama así porque daba a ella una puerta de la antigua iglesia de San Francisco, puerta que comunicaba con la capilla de la Virgen de la Aurora, y por la cual salía el famoso rosario de éste nombre, en el que formaban treinta y seis farolas doradas de gran tamaño y otra profusión de luces. Acudían a él gran número de devotos y recorría la procesión varias calles, engrosándose la comitiva con infinitos acompañantes según avanzaba en su carrera.

Muchos años se sucedió esta devoción, hasta que una vez, encontrándose la calle de los Remedios (hoy desaparecida y que forma parte de la Plaza de Tirsode Molina), este rosario al del Hospital, que venía de Santa Catalina, se movió tan confusa pendencia entre ambas cofradías sobre cuál había de ceder el paso a la otra, que se prohibió a causa de aquella refriega que volviese a salir tal procesión, quedando de aquel suceso el dicho vulgar de decir, refiriéndose a algo que termina violentamente, que acabó como el rosario de la Aurora.

Fuente: Las Calles de Madrid de Pedro de Répide

UNA MIRADA AL MADRID DE 1954 PARTE V

Hoy nos vamos en autobús o trolebús a disfrutar, acordaros hay que entrar por la parte trasera

Las fotografías de Horacio Novais

lunes, 14 de noviembre de 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

MADRID CAPITAL DE ESPAÑA -I

El día 3 de junio de 1561 entraba solemnemente en Madrid el Sello, máxima expresión de la autoridad del monarca. Era éste Felipe II, quien, por su omnímoda voluntad y real gana, verificó el traslado - engorroso, agobiante y despilfarrador traslado - de la corte, desde Toledo a Madrid. Probablemente Felipe II fijara su residencia en Madrid, y con ella la de la corte en pleno, para estar más cerca del monasterio de El Escorial, en cuya construcción había puesto grandes esperanzas. Como hombre prudente que era Felipe II se reservó el derecho al cambio, y además rizando el rizo de la sensatez, no se lo contó a nadie. "Después de mí, el diluvio ", debió decirse Felipe II.

Pero el diluvio le cayó a la villa de Madrid en forma de tromba administrativa, con pedrisco y son de rayos y truenos incluido. A Madrid se le otorgó un apellido de fuste - y Corte -que acabó proporcionándole mil quebraderos de cabeza. Primeramente fue ese aluvión de funcionarios y toda clase de gentes relacionadas con los asuntos de gobierno y, en segundo lugar, que a partir de tan fatídica fecha esta villa ya no sería acusada únicamente de sus propios pecados, puesto que llevaba los ajenos.

Los problemas empezaron con la denominada " regalía de aposento ". Había que darles alojamiento a todos y cada uno de los funcionarios de la corte, por lo que se dispuso que la mitad de de cada casa de Madrid que se ajustase a las condiciones mínimas exigidas serviría para tal menester. Cuesta incluso imaginar la situación y ponerse en la piel de aquellos habitantes de Madrid que por el hecho de poseer una casa digna, suficiente y espaciosa tuvieran la obligación de compartirla con cualquiera.

Una frenética actividad se produjo entonces a fin de conseguir que las casas, tanto viejas como nuevas, fueran pero no lo parecieran. Nada de alturas, nada de signos externos de grandeza, nada de nada. Estas casas que cerraban agriamente sus  puertas ante las mismas narices del forastero enojoso fueron definidas oficialmente como " de incómoda repartición", eufemismo cursi que la voz sonora del pueblo se encargaría de borrar con la expresión castiza y contundente de " casas a la malicia ".





sábado, 12 de noviembre de 2016

UA MIRADA AL MADRID DE 1954 PARTE-III

Esta vez el autor (Horacio Novais) nos lleva por un Madrid parado en 1954, por La Gran Vía y alrededores. Lo único que espero es que disfrutéis como hago yo